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Keiko, PPK, la unión civil y la comunidad LGTB

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Fujimori ha rechazado esos dicterios pero, si fuera consecuente con su rechazo, debería también retirar su firma de ese "pacto", guardando su posición política sobre el tema.



1. Se objeta a Keiko Fujimori el haber cambiado sus opiniones respecto a la unión civil homosexual desde que se pronunciara sobre el tema en la universidad de Harvard hasta la reciente suscripción de un compromiso “por la familia y por la vida” con una de las tantas sectas evangélicas que pululan en el país. Tal aserto es falso.

La opinión de la señora Fujimori en Harvard es la misma que la que expresa hoy y, además, exactamente igual que la de su contrincante, PPK. Ambos están a favor de lo que ellos llaman una “unión civil no matrimonial”, cuyos efectos solo deberían ser patrimoniales. Por lo tanto, ambos descartan de plano cualquier adopción en la medida de que desconocen un vínculo o estatus civil para las parejas homosexuales.

2. Tanto la opinión de Keiko Fujimori como la de PPK son respetables como lo son todas las opiniones que tienen un mínimo de argumentación y no denigran a la persona humana. Yo no concuerdo con Keiko ni con PPK sobre su concepto de “unión civil”. Más allá de la esfera patrimonial, entre dos homosexuales que se aman, que conviven bajo un mismo techo, que tienen obligaciones domésticas comunes y que comparten una misma cama existe de hecho un vínculo que no es el mismo que el de un roommate o el de un amigo o el de un pariente que convive con otro para hacerse mutua compañía. De tal manera que existiendo el vínculo en esos términos debería reconocerse el estatus, independientemente del patrimonio que ya se genera con esa convivencia de hecho. Esto atañe a una decisión política.

3. Concuerdo con Keiko y con PPK en que las parejas homosexuales no deberían tener el derecho de adoptar porque, en principio, esta institución es una excepción para aquellas parejas heterosexuales que o no quieren tener hijos propios o no pueden tenerlos. Es decir, la regla de la naturaleza es que una pareja heterosexual pueda tener hijos dentro o fuera de matrimonio (que, dicho sea de paso, como toda institución no es producto de la naturaleza). La excepción a esa regla de la naturaleza es que no puedan tenerlos.

El derecho permite entonces, como excepción, la adopción. No se puede lógicamente convertir una excepción en una regla. Simplemente es imposible. Para los homosexuales, sin embargo, la excepción devendría en regla pues es una evidencia de la naturaleza que dos hombres o dos mujeres que tengan relaciones sexuales nunca podrán concebir un hijo. La adopción en estos casos obedecería más a un prurito ideológico (igualdad de derechos) que al sentido común expresado en el aforismo popular que dice que: quod natura non dat, Salmantica non praestat.

4. Tanto Keiko como PPK están en contra del aborto. Yo concuerdo. Siendo la vida el sustrato de la libertad, para que esta se aplique debe preexistir aquella. Así pues no se puede preferir la libertad (de tener o no tener a un concebido por las razones que sea) a la vida (del concebido).

El sentido común, sin embargo, permite una excepción a la regla. Entre la vida de un ser logrado que peligra mortalmente (la madre) y la vida de un ser por lograr (el concebido), ha de preferirse la del ser logrado pues ante lo cierto y lo incierto ha de preferirse lo cierto. Tal decisión de magnitud trascendental ha de dejarse exclusivamente a la madre. Si esta está imposibilitada, al padre.

5. No existen argumentos de fe. Por lo tanto, la religión debería estar fuera de cualquier debate racional y, por lo tanto, político sobre el tema. No hay nada que discutir cuando se apela a la falacia del magister dixit. En ese sentido, es tan válido lo que dice Moisés, Cristo o Marx —tomados como autoridades supremas e inapelables, ya sea de las Sagradas Escrituras o del Capital—. Creer en la Biblia por fe es lo mismo que creer en la “revolución mundial” por fe o en el “fin de la historia” por fe. La fe de uno no tiene por qué ser mejor que la fe de otro; ese es el punto. 

6. La fe debe ser respetada siempre y cuando no vaya contra la integridad y dignidad del ser humano. Discriminar a una colectividad determinada porque “está escrito” en las Sagradas Escrituras no debe ser tolerado en una sociedad civilizada. Lapidar a las adúlteras, pasar a cuchillo a los enemigos o abominar a los homosexuales es lo mismo y todo está en las Sagradas Escrituras. Cuando quien funge de “intermediario de Dios” dice que los homosexuales solo sirven para peluqueros, y que son propagadores de vicios y peste, está denigrando la integridad y dignidad de seres humanos.

7. Keiko Fujimori asistió al sermón en el que se profirieron todos esos insultos a la colectividad LTGBI. Firmó un compromiso redactado por quien profirió esos insultos. Debió haber abandonado esa asamblea y no avalar con su presencia lo expresado por el líder de la secta con que firmó ese “pacto”. Hoy ha rechazado esos dicterios pero, si fuera consecuente con su rechazo, debería también retirar su firma de ese “pacto”, guardando su posición política sobre el tema.

Si ella fuera electa presidente, no solo lo será de los heterosexuales sino también de los homosexuales. Esta elección se definirá por un puñado de votos. Quién sabe si el voto que le falta sea el de un homosexual. Debería meditar en ello la señora Fujimori. 

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