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Keiko: ¡incrédulos, viudas y huérfanos como cancha!

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La apuesta de la líder fujimorista es arriesgada y de pronóstico reservado: el común de la gente tiende a rechazar a quienes se identificaban con A y luego terminan representando a Z.



El resultado concreto de las declaraciones de Keiko esta semana en un simposio en el extranjero ha sido la renuncia del congresista y pastor Julio Rosas a la bancada de Fuerza Popular. Algunos dirán entonces que la intervención de la señora Fujimori ha sido positiva en la medida de que quien se va es un personaje controvertido por sus posiciones conservadoras y fundamentalistas y que, así como él, también sería bueno que desaparezcan de escena algunos otros personajes del entorno más duro del fujimorismo. Se supone así que ello debería beneficiar a Keiko.

Pero en una campaña electoral la idea es que en la medida de que sumes votos no pierdas otros. O de que los que sumes sean muy superiores a los que pierdes. No sabemos cuántos votos ha ganado la señora Fujimori declarando a favor de la unión civil homosexual sin posibilidad de adopción de hijos con la que yo estoy de acuerdo, por ejemplo. Lo que sí sabemos es que ha perdido un voto que ya tenía, el de Julio Rosas y, probablemente, muchos de los que el fanático pastor representa.

No todos los electores son iguales ni tienen las mismas expectativas aunque el derecho de votar sea igual para todos. Por eso es que aunque habemos muchos que no tenemos como prioridad votar a favor o en contra de candidatos que tengan una determinada agenda sobre un tema controvertido, hay mucha gente que sí porque son militantes y activistas de una causa determinada. En el caso de la unión civil, más del 70% de los encuestados a nivel nacional está en contra de la medida. Y los militantes a ultranza son fanáticos religiosos como Rojas y la iglesia que representa. De ahí que existen muchas más probabilidades de que esos fanáticos influyan militantemente sobre ese 70% para que no vote por alguien que esté a favor de ese tema. La pregunta es: ¿Hizo bien Keiko en abrir esa probabilidad?

Otra. En el mismo simposio, la señora Fujimori ha dicho que no está de acuerdo con la militarización de la seguridad ciudadana. A diferencia de la unión civil homosexual, este es un tema que está en la agenda de todos. Sea por las razones que fuere, más del 80% de encuestados a nivel nacional está de acuerdo con la medida. Keiko, no. ¿Cómo entonces pretende liderar a ese 80% de electores? ¿Se la va a pasar diciendo que ella no cree en lo que el 80% cree? ¿Tiene más probabilidades de éxito que de fracaso en convencerlos de lo contrario? El sentido común nos dice que es más probable que pierda votos a que los gane con este tema. Y lo increíble es que en el tema de seguridad ella no tendría por qué perder ningún voto.

La apuesta estratégica de Keiko es arriesgada y de pronóstico reservado. La gente común y silvestre que es la mayoría electoral tiende a rechazar a quienes identificaban siempre con A y luego terminan representando Z. Lo mejor que le puede pasar a Keiko es que nadie le crea. Lo peor es que sus propios electores comiencen a abandonarla. Por las reacciones que sus comentarios en Harvard parecen haber suscitado en el Perú hay de lo primero y lo segundo. O sea, el peor de los escenarios posibles: ¡incrédulos, viudas y huérfanos por doquier!

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