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Opinión

Jorge Avendaño Valdez: el legado de un peruano notable

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Mi homenaje a un destacadísimo abogado y maestro en toda la amplitud de la palabra, tanto en las aulas universitarias como en la vida



Hace unos pocos días falleció Jorge Avendaño Valdez, y sentí nuevamente aquella sensación de angustia de que en el Perú nos estamos quedando sin gente valiosa. Es que las personas con vocación de servicio y amor por el país se han convertido en un recurso escaso que no se renueva a la velocidad necesaria. ¡Nuestro representativo Congreso es el mejor reflejo de esta penosa realidad!

Jorge Avendaño no solo fue un destacadísimo abogado, un humanista, sino un maestro en toda la amplitud de la palabra tanto en las aulas universitarias como en la vida. Dictó con pasión inconfundible, por casi sesenta años, los cursos de Derechos Reales y Derecho de Garantías en la Pontificia Universidad Católica. Esa vocación permitió que accediera al decanato de la Facultad de Derecho hasta en cuatro oportunidades, y pudo modernizar la malla curricular e imponer un paso más acorde con los tiempos.

Asistir a clases con uno de los miembros de la Comisión Reformadora del Código Civil de 1936 era un privilegio. Y es que yo misma fui testigo de excepción, a través de mi padre, del inmenso trabajo que dicha colosal obra demandó y que recién vio la a luz en 1984. Se trata de un aaporte que la historia y nuevas generaciones de abogados han sabido  reconocer.

Hay hombres cuyo amor por el derecho va más allá de la comprensión. Fue decano del Colegio de Abogados de 1993 a 1995, tiempos espinosos para la democracia y el pluralismo en el país. Luchador incansable de la libertad y tolerancia, fue emblemático congresista de la república entre 1995 y 2000 y, posteriormente, se convirtió en presidente de la Academia Peruana de Derecho, como culminación de una exitosa y fructífera carrera profesional.

Fue uno de los amigos más entrañables y queridos de mi padre, desde sus años juveniles, y padrino de Rafael, el menor de mis hermanos. Lo recuerdo como si fuera ayer, abrazando y besando el televisor cuando Cachito Ramírez logró el empate para Perú, ese memorable 3o de agosto de 1969 en La Bombonera —y con ello nuestra clasificación al Mundial de México 70— o en los campamentos a la playa con la familia y las parrilladas los domingos en su casa de Las Magnolias en Barranco. Memorias y afectos que uno siempre conserva en el corazón.

Jorge era un hombre culto, versado, entretenido, de familia. Tuvo nueve hijos: Jorge, Leonor, Cecilia, Francisco, Dora, Ana María, Lucia, Mercedes y Mariana, con quienes me une una larga historia de felices vivencias y amistad. Conversar con él era una delicia, pues muy pocos temas le eran ajenos.

Desafortunadamente, el transcurso del tiempo es implacable y Jorge Avendaño ya no está con nosotros. Su legado y ejemplo permanecerán para siempre. Descanse en paz.

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