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Inundación y carestía

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Si el pasado se repite, pueden ser dos años seguidos de inundaciones. La especulación y la escasez no tienen límite alguno.



Apenas se manifestaron las lluvias de este año escuché a algún memorioso señalar que se parecían bastante a las lluvias que afrontó el Perú a mediados de la década de 1920. Esas inundaciones no las tenía registradas, de manera que apenas pude acudí al archivo a investigar el tema.

En efecto, empezaron las lluvias más o menos en el mismo día, las zonas afectadas fueron colapsando en el mismo orden. Son las más comparables a la actual oleada e huaicos que vivimos. En retrospectiva sorprende ver cómo los desbordes se han producido en los mismos lugares y en el mismo orden. Al igual que ahora, la tragedia que vivió Tumbes se replicó en Piura, la vivió Casma y la sufrió luego Lima.

¿Cómo éramos en 1925? Vivíamos los días de la Patria Nueva bajo la presidencia de Augusto Leguía, primero llamado el Gigante del Pacífico y luego recordado simplemente como el tirano. Su gobierno de once años empezó en 1919 y duró hasta 1939, de modo que durante las lluvias y desbordes estaba en la cumbre de su poder.

Lo primero que debo advertir es que a fines de 1925 todos brindaron por un año sin desgracias y en 1926 se repitieron las inundaciones. Estamos advertidos.

Ni el gobierno de Leguía, absolutamente más empoderado que las previas administraciones, puedo impedir que ante la tragedia cundiera la especulación afectando a los productos de primera necesidad.

Hoy en día eso se hubiera traducido en diversas denuncias periodísticas. Pero en 1926 no podías salir así nomás en lo medios criticando la especulación de alimentos. Sin embargo, un lector de Variedades, importante revista de entonces, se las ingenió para enviar a la revista una carta denunciando la situación en todos su términos pero apelando al ingenio puso sus expresiones en clave.

Vea usted la imagen de la carta en clave que acompaña este artículo y luego vea nuestra transcripción. Venga. Haga con nosotros este ejercicio. Le aseguro que es más divertido que cualquier crucigrama. Y al recorrer la cifra descifrada de esta carta recuerde usted que el ser humano cambia poco y hoy como ayer la especulación le saca la vuelta a toda vigilancia.

Y dice así:

Nuestra reina ciudad está inhabitable como resultado de los desastres pasados, ha llegado el reinado del hambre quien a todas las [indescifrable] de los mendigos con éter funesto llama.

La comunicación con la sierra sangra por la caída de puentes y averías de camino, impide el “embarque” de reses y demás artículos; así es que el pueblo irremediablemente va al desastre seguro. Los mercados por la carestía están de correr: escasean los huevos, las papas, la menestra. El pescado está invisible como los “astros”, las aves ni para muestra existen, las gallinas valen una barbaridad y es posible que con el tiempo sean reemplazados por los negros gallinazos. Pero lo más grave del caso es la falta de corazón de muchos comerciantes que, observando el refrán de “a río revuelto ganancia de pescadores”, de antemano su mercadería la escondieron, a fin de venderlos en los días amargos (sic). Creo que este mal no tiene cura, pero hay que resignarse y esperar los acontecimientos con santa paciencia.

Con saludos en general , se despide hasta otra.

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