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Ignorancia

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No solo es fácilmente detectable la falta de capacidad gerencial del presidente --y su carencia total de visión y objetivos a largo plazo--sino, peor aún, su desconocimiento total de los pilares del sistema democrático.



Al insistir en su proyecto de retirar la inmunidad a los congresistas, Vizcarra nos confirma que no es un estadista: se trata únicamente de un funcionario al que por un azar de la vida le tocó desempeñar la mas alta posición en nuestro aparato administrativo. Uno más en la penosa sucesión de presidentes que hemos tenido en los últimas tres décadas.

No solo es fácilmente detectable su falta de capacidad gerencial a ese nivel –y su carencia total de visión y objetivos a largo plazo–sino, peor aún, su desconocimiento total de los pilares que soportan el instrumento administrativo racional más eficiente para autogobernarnos: el sistema democrático.

Ya hizo un daño inconmensurable cuando, populacheramente, llevó a cabo la anulación de la reelección de congresistas: un mecanismo natural en cualquier actividad humana que premia el buen desempeño. Esto lo lamentaremos en las futuras elecciones cuando no podamos reelegir a congresistas probadamente eficientes y honrados. Un desperdicio de capital humano valioso solo por un capricho.

Si alguna institución, empresa o un individuo sabe que se está discutiendo una ley que pueda significarle desventajas o perjuicios económicos, siempre resulta muy probable que tratarán de bloquearla. Para ello usarán todos las influencias posibles: lobistas, sobornos, anticampañas, etc. Esa es la realidad que conocemos.

La situación se agravaría si los congresistas no tuviesen inmunidad. Sería facilísimo tumbarse a un congresista: simplemente lo denunciarían por cualquier cosa, quizás con la complicidad de algún fiscal o juez. Es como si un árbitro –sin importar que sea bueno o malo– pudiese ser removido en cualquier momento del partido porque a un entrenador no le gusta.

Es importante entender que la inmunidad es hacia la institución (al margen de cómo sean o actúen los congresistas). Si los congresistas son calificados de ratas o corruptos es otro asunto; significa que debemos ser más cuidadosos para elegir.

Sin inmunidad, la labor fiscalizadora de los pocos congresistas eficientes también se vería truncada. El ejemplo más ilustrativo lo dio el caso Orellana. Un estafador con conexiones en todo el sistema judicial que solo pudo ser condenado gracias a la inmunidad del congresista que lo investigó.

Incapaz de ver todo lo anterior, Vizcarra no califica ni siquiera para llamarlo “modesto funcionario”. Ello implicaría humildad, sinceridad y honestidad en su accionar, virtudes que no percibimos. Y si las tiene, pues no se ven y solo nos indicaría que sus acciones son reflejos de sus cargos de conciencia… o, tal vez, que es marioneta de alguien.

Imagen tomada de El Cohete a la Luna.com

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