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Porque el Día de la Patria merece algo mejor que comentar que el último discurso presidencial.



Los caviares son campeones en mover todas sus redes para inventarse referentes intelectuales que pontifiquen sobre lo divino lo humano. Y tras la muerte del gran sociólogo Julio Cotler, que brillaba con luz propia, están en el proceso de encontrar alguien que funja de analista supremo de la realidad nacional.

A veces recurren al previsible ‘gurú’ Vergara, un politólogo que trata de atarantar a los incautos con sus títulos académicos americanos y sus artículos en el NYT, donde ya sabemos que escriben solo los de un mismo lado –como lo denuncian sus propios periodistas y editores, que han tenido que renunciar por el descaro con que se manipula la información en ese diario–, y que en sus extensos y ‘exhaustivos’ análisis obvia cualquier mención a la corrupción de la izquierda o le dedica escasamente dos líneas.

Otra digna señora que los caviares locales tratan de convertir en pitonisa es la contadora de historietas Carmen Mc Evoy, una suerte de guía de la “conciencia nacional y republicana”. Como ella se arroga cierta superioridad moral (que no tuvo cuando escribió muy solícita una carta a PPK para pedirle el ‘favorcito’ de ser nombrada embajadora del Perú en Irlanda), anda despachándose a sus anchas como especialista del período republicano, hablando de las “virtudes republicanas” y de la corrupción del Estado y la política. Así, hasta afirmar muy suelta de huesos que la “ultraderecha está totalmente vaciada de ideas y proyectos”.

¿Así piensa la historiadora estrella del caviaraje nacional? ¿O solo se mira el ombligo? Quien tuviera un poco de mundo se daría cuenta de que, PARA BIEN O PARA MAL, es todo lo contrario. Porque se supone que los historiadores deben registrar y analizar los hechos y no hacer de sacerdotes de un culto.

Y es que resulta que la misma semana en que la señora Mc Evoy afirmaba muy campante su frase para el aplauso fácil de su hinchada mediática y académica, en Polonia, por ejemplo, el Estado abandonó la Convención de Istambul, un instrumento internacional europeo que prohíbe la violencia contra la mujer. El argumento del Estado polaco avalado por la mayoría del país y por la Iglesia Católica es que “este elemento ideológico está ligado al imperativo de cambiar la educación en las escuelas y los programas escolares fuera de ella, en términos de aprendizaje, actitudes y convicciones de la joven generación polaca para llegar, en nuestra opinión, a una falsa suposición de que el sexo biológico es un arcaísmo y que todo se reduce al género sociocultural”.

Esto es lo que pasa en Europa. ¿Le parece a la señora Mc Evoy que lo que ella llama “ultraderecha” está “totalmente vaciada de ideas y proyectos”? Ya ni se diga de la partida de los Estados Unidos de la UNESCO y de la OMS, bajo la égida de Donald Trump, o la política China de Xi o la rusa de Vladimir Putin sobre una serie de temas “progresistas”, considerados tabú de discusión en las universidades americanas, pero desmanteladas en un triz por esa “ultraderecha totalmente vaciada de ideas y proyectos” que gobierna las tres cuartas partes del mundo capitalista y comunista. ¿No lee los periódicos? ¿El Comercio no le podría regalar una suscripción?

Pero sin ir ya muy lejos, donde no suele ir por lo visto, dice del Perú: “El Estado ha colapsado. Espero que este sea un punto de quiebre para los siguientes cien años. El virus nos ha encontrado con un Estado penetrado por la corrupción. ¿Cómo podía ser posible que un Estado sin fortaleza interna para defenderse frente a tramas delictivas pueda pasar a defenderse frente a un virus?”

Bueno, ¿cuál es la NUEVA reflexión sobre un Estado que siempre ha sido el mismo: corrupto, burocrático, mercantilista, cainita y caudillista desde hace doscientos años, en democracia presidencial o parlamentaria, centralizado o descentralizado, en dictadura o dictablanda? Pues la lógica de alguien con dos dedos de frente debería ser que ese Estado, que no es otro que el REPUBLICANO (y sus supuestas virtudes), en sus diferentes facetas ha sido un fiasco para el Perú. No ha servido para nada.

Entonces, ¿por qué el mismo sistema republicano tendría que ser diferente para los próximos cien años? ¿No tiene sentido, verdad? Otra cosa es que ciertos intelectualoides no quieran llevar sus premisas hasta las últimas consecuencias –sin atreverse, por ejemplo, a hablar simplemente de “derecha” para no pelearse con los ‘contactos’ de ese sector–  y se queden en el wishful thinking, tan cómodo para las avestruces que esconden la cabeza para “no pensar”. Claro, es más fácil pontificar.

Así, pues, en el día 199 de la República la pregunta de fondo, el tema principal de debate, es si valió o no la pena el sistema republicano de gobierno a la luz del centésimo nonagésimo noveno año de fracasos, como dice Mc Evoy. Mucho libro, poca esencia.

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