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Opinión

Heroica defensa del puerto

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Proyecto para crear autoridad única de transporte para Lima y Callao mueve el recuerdo de una noche chalaca a punta de sangre y bayoneta.



Transitábamos el segundo gobierno de Castilla, que no vaciló en aliarse con los liberales para llegar nuevamente a Palacio. Una vez allí, los liberales aprobaron una Constitución que los conservadores juraban que Castilla, uno de los suyos hasta poco tiempo atrás, no iba a firmar jamás.

Pero Castilla consagró la Constitución liberal y prácticamente al día siguiente se desató una encarnizada guerra civil. La chispa se encendió en Arequipa, Vivanco fue el caudillo aclamado para la restauración conservadora y por primera vez la marina tuvo un rol en los conflictos. Los rebeldes, Grau entre ellos, tomaron las islas de Chincha y empezaron a vender por su cuenta guano en Europa.

También hubo levantamientos en Piura, a donde acudió Castilla, audazmente embarcado hasta Pacasmayo desde donde persiguió a Vivanco hasta el norte grande. Al retornar Vivanco por la vía marítima rumbo a su base arequipeña pasó por Lima y se enteró que el primer puerto estaba casi desguarnecido. Decidió tomar el Callao por sorpresa.

Las fuerzas de Vivanco desembarcaron a la medianoche del domingo 21 de abril de 1857 por la boca del Rímac. Avanzaron por Chacaritas, Pescadores y Gallinares, para luego llegar a la plaza principal. Vaya tiempos. Ingresaron sigilosos pero con una banda de música por delante pensando acaso que el pueblo habría de unírseles. Al contrario, el pueblo chalaco salió a las calles a luchar, calle por calle y a punta de arma blanca y bayoneta.

No los movía la ideología liberal, los movía la defensa de vidas y bienes expuestos al saqueo. Los rebeldes conservadores pretendían realizar el sueño de los piratas y el pueblo se opuso. Los muertos se amontonaron en la calle Derecha que luego se llamó Constitución y por doquier la guadaña del enfrentamiento cobró víctimas. Cortado el retorno de los sureños al mar, quedaron cerca de cuatrocientos prisioneros. El ejército llegó recién con la primera luz del día y cuando los chalacos habían controlado la situación.

Vivanco calificado por Basadre como melifluo, nunca desembarcó. Mandó al sacrificio a su gente, mayormente arequipeños, permaneció a bordo y al ver el desastre siguió rumbo al sur.

El mismo lunes por la tarde la Convención Nacional acordó conferir al Callao el honroso título de Provincia Constitucional. Así empezó todo. El hecho de que la condición constitucional haya servido para tejer luego el desmadre del tránsito no es culpa de esos porteños valientes. Pero se acabó.

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