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“Ha muerto un inocente”

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Después de todo este desastre los fiscales siguen como si nada, diciendo que la confesión de inocencia hecha por Barata sobre Alan García a Cheesman "demuestra obstrucción de la justicia". El mundo al revés. 



La frase del título fue dicha por Luis Nava Gilbert, cuando su hijo lo puso al corriente de la muerte de Alan García. Ambos lloraron por el expresidente que se acababa de suicidar cuando su casa fue allanada para arrestarlo.

Roxanne Cheesman acaba de publicar un chat con Jorge Barata a los pocos minutos de que Alan García se disparara, en el que le informaba e increpaba por haber guardado silencio durante dos años, dejando que se instale que García se habría enriquecido con coimas de Odebrecht. Barata, el colaborador eficaz número uno, conmocionado por la noticia, exculpa al presidente moribundo de cualquier acto ilícito y lamenta no haber hablado antes y que la audiencia con los fiscales no se hubiera producido apenas con anterioridad a la infausta noticia. Pero asegura que en esa audiencia pendiente dirá todo lo que sabe, y la verdad de que García no tuvo nada que ver según él con las coimas de Odebrecht.

Luego, con el transcurso de los días y los intereses en juego los dos colaboradores más importantes, el lloroso de “ha muerto un inocente” y el compungido de “nunca he hablado nada de él porque nunca hubo nada de qué hablar y él sabía de eso. Los enemigos de él son otros, yo no”, ambos deciden cambiar su versión. El primero se quiebra en la cárcel, dice lo que el fiscal quiere escuchar y se va a su casa con el cuento de las “loncheritas” que solo puede corroborar Barata. Mientras, tanto en Curitiba, Barata no dice nada, guarda silencio porque nadie le pregunta lo de las loncheritas en el ínterin de que se apruebe la venta de Chaglla.

En otras palabras: los vivos juegan su propio juego de supervivencia a costa del muerto, pese a que el mismo día de la muerte de García –es decir, cuando los sentimientos afloran a piel y nadie tiene por qué ganarse ni un avemaría con dos declaraciones exculpatorias del difunto– ambos habían reconocido su inocencia. Hoy Nava está en su casa premiado por haberse desdicho de la muerte de un inocente, y Barata ya no quiere colaborar más con la justicia peruana luego de la demanda ante el Ciadi por el Gasoducto Sur Peruano y los delitos que en un principio no reconoció pero que desde el Ecuador el periodista Andersson Boscán le refregó por la cara.

Mientras tanto, después de todo este desastre, los fiscales siguen como si nada diciendo que la confesión de inocencia hecha por Barata sobre Alan García a Cheesman “demuestra obstrucción de la justicia”. El mundo al revés.

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