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Ha cruzado el Rubicón

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“Boris Johnson, quien creyó estar por encima del Derecho, debería esconderse avergonzado en un hoyo. Y la oposición debería tapar ese foso para asegurarse de que Johnson desaparezca de la política británica".



Cuando asumió el cargo Boris Johnson, primer ministro británico, prometió sacar al Reino Unido de la Unión Europea (ejecutar el proceso denominado Brexit) fijando como plazo máximo el 31 de octubre próximo, con o sin acuerdo. Fiel a su estilo excéntrico y provocador, logró convencer a la Reina Isabel II de aprobar la suspensión temporal del Parlamento desde mediados de septiembre hasta mediados de octubre.

Evidentemente, los parlamentarios cuestionaron la decisión y luego el Tribunal Supremo Británico se pronunció: “La arrogancia precede a la caída. Eso aplica cuando se desacatan las reglas constitucionales que, en Gran Bretaña, cumplen las funciones de una Carta Magna. Eso aplica cuando se violan las leyes y se menosprecia la independencia de los tribunales. Y eso aplica también cuando se irrespeta al Parlamento, se ignoran sus facultades y se menosprecian sus tareas […] Y la democracia parlamentaria salió vencedora de esa refriega. Es el deber de los diputados obligar al Gobierno a rendir cuentas, y un primer ministro no puede despojarlos de esa prerrogativa arbitrariamente o con falsos argumentos […] El veredicto establece, de una vez por todas, que al Ejecutivo no se le permitirá poner a su favor la balanza de poder entre el Parlamento y el Gobierno cuando le dé la gana. La actuación del Ejecutivo siempre deberá someterse al escrutinio de los diputados elegidos”.

La columnista de Deutsche Welle, Barbara Wesel, comentó: “Boris Johnson, quien creyó estar por encima del Derecho, debería esconderse avergonzado en un hoyo. Y la oposición debería tapar ese foso para asegurarse de que Johnson desaparezca de la política británica. Después, solo quedaría hacer lo que se hacía en la Roma antigua: dejar que su nombre caiga en el olvido. Para Johnson, siempre ávido de figuración, no podría haber peor condena”.

Salvando las distancias geográficas, en el plano local el presidente en una afrenta más y mayor –no solo al Congreso de la República, sino a todos los peruanos– decidió presentar cuestión de confianza para recomponer el sistema de elección de los miembros del TC, desconociendo arbitrariamente la competencia exclusiva y excluyente del primer poder del Estado. En la tarde del mismo viernes, el señor Del Solar precisó que la cuestión de confianza está “en contra de una elección apresurada y a favor de un proceso transparente”. Sobre esto, bueno, cuando observamos una vaca encima de un árbol lo primero que nos preguntamos es: ¿cómo llegó ahí? Esa es precisamente la interrogante que debemos estar haciéndonos cuando de referirnos al premier-actor se trata.

Retomando el tema, el Expreso se preguntó: “¿Puede el presidente Martín Vizcarra hacer una cuestión de confianza sobre atribuciones que no son de su competencia? ¿Puede aplicar retroactivamente una norma a un proceso de elección de magistrados al Tribunal Constitucional (TC) convocado bajo otras reglas? ¿El mandatario puede afectar el principio de separación de poderes?”

La respuesta autorizada de la mayoría aplastante de la comunidad jurídica a todas las preguntas anteriores es NO. Constata así el papelón presidencial en un mensaje a la nación decepcionante, cargado de ofensas no solo a un poder autónomo del Estado, como es el Congreso, sino a todos los candidatos a magistrados del TC a quienes ha descalificado con palabras soeces.

“Patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el odio por los demás es lo primero”, dijo De Gaulle. Esto último es precisamente lo que el señor Vizcarra hace: es decir, basa “su gobierno” en el odio hacia aquellos que considera sus enemigos (apristas, fujimoristas, etc.). Y bajo este mismo concepto podemos encontrarnos –sin quererlo ni merecerlo, desde luego– nosotros, usted o algunos de los suyos.

A estas alturas, queda clarísimo que señor Vizcarra ha cruzado el Rubicón.

PRIMER OTROSÍ DIGO: La República da cuenta de la conversación sostenida entre el señor Vizcarra y la señora Aráoz, quien le respondió al presidente que si renunciara ella no lo haría. El solo hecho de habérselo preguntado, hace conocer del hartazgo al cargo de la primera magistratura del país.

SEGUNDO OTROSI DIGO: El Mundo de España reseña en su web: “Laboristas e independentistas pactan una moción de censura contra Boris Johnson”. A reflexionar y a actuar de una buena vez.

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