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Guzmán: su pasado lo condena

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Sus antiguas idas y venidas no se condicen con ninguna alegada independencia ni pulcritud.



No es una telenovela más, pero la frase de marras vuelve una y otra vez. Más allá de cuestiones legales, los aspectos éticos permiten evaluar candidatos que creen que algunos momentos de su trayectoria vital no saldrán a luz.

Cuando el pasado es frondoso, los buscadores son útiles para ampliar la información y salen contactos, vinculaciones, trabajos y hasta negociados. Estos pueden no venir a cuento en la actividad política actual y, sin embargo, sí definen la personalidad ignorada de un líder que podría tomar las decisiones que nos afectarán a todos, que tendrá en sus manos los fondos del Estado. Es el caso del novísimo Julio Guzmán, cuya estrella ascendente en las encuestas podría apagarse si el pleno del JNE, en puridad jurídica, decide ratificar lo dispuesto por su primera instancia.

Más allá de este impasse que podría ser definitivo está lo que nos trae la revista de César Hildebrandt sobre el candidato de Todos por el Perú. Su acuciosidad descubre contactos laborales con el fujimontesinismo —antes de que partiera al extranjero— y con el nacionalismo, que ahora como gobierno compite electoralmente.

Hay quienes vinculan a Ollanta Humala con Vladimiro Montesinos y precisan que el levantamiento de Locumba coincidió en tiempo matemáticamente con la fuga del superasesor en el velero Karisma. Si así fuera, no extrañaría el cordón umbilical entre Guzmán y los adeptos al régimen autocrático de Fujimori. Para muestra están sus trabajos con el publicista Oscar Dufour, conocido peón publicitario y periodístico del montesinismo, y para el canal 10 de cable que alojó a los principales defensores del gobierno autocrático.

No conocemos a Julio Guzmán. Es un recién llegado a la política, pero si esas son sus idas y venidas no se condicen con ninguna alegada independencia o pulcritud. A lo que se agrega la denuncia de copia de las estrategias, tácticas, frases y demás signos creados por Podemos, un exitoso partido español instalado en el espacio social de la indignación y la protesta de izquierda mayoritaria.

¿En qué quedamos? ¿Cuál es el espacio que permitirá a Guzmán construir su hegemonía política y ganar las elecciones? Necesitamos saber más del outsider para no afirmar que su pasado lo condena. Tampoco para elegir en el vacío generado por el desencanto.

Ya sabemos adónde nos llevan las emociones con pocas razones.

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