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Guaidó en su laberinto

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Negociar con criminales es una ingenuidad (cuando no un grave error político), como debe haber comprobado el presidente venezolano después de que dos miembros de su seguridad fueron secuestrados mientras sus delegados conversaban en Bahamas con representantes de Maduro.



Negociar con criminales es una ingenuidad (cuando no un grave error político), como debe haber comprobado el presidente Guaidó después de que dos miembros de su seguridad fueron secuestrados en momentos en que sus delegados conversaban en Bahamas con representantes de Maduro. Y es que los anteriores diálogos políticos con el régimen solo han servido para extender la permanencia del dictador en el poder y, por ende, acentuar la catástrofe económica, los casos de violaciones a los derechos humanos y el éxodo de millares de personas, que este año se estima en cinco millones.

La cita en Bahamas no tenía, por tanto, por qué ser diferente a las otras reuniones, aunque algunos analistas hayan pensado que la presencia en Caracas de la alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, traería buenas noticias.
No fue así: las trajo muy malas.

Comenzando porque el mismo día en que la señora Bachelet se retiraba del país veinte militares fueron apresados. Al día siguiente, un capitán de corbeta de la Marina, Rafael Acosta, falleció a causa de torturas con picanas eléctricas y severos golpes en la cabeza aplicados por carceleros del Servicio de Inteligencia Bolivariano; también en esos días, un joven manifestante de 16 años quedó ciego porque la Policía le disparó cincuenta balas de goma en el rostro.

Más aún: ahora se han incrementado a 22 el número de diputados a quienes han retirado la inmunidad. La mayoría se encuentra en el exterior, en la clandestinidad, asilada en embajadas o simplemente presa, como es el caso del legislador Juan Requesens, líder estudiantil y dirigente del partido Primero Justicia.

El presidente Guaidó ha debido exigir, para retomar el diálogo, que Maduro deje libres a los 800 políticos que mantiene ilegalmente detenidos, como han reclamado la ONU, la OEA, el Grupo de Lima, la Unión Europea y, hace poco, la comisionada Bachelet. No lo hizo por razones que no conocemos, y aceptó conversar con rehenes de por medio. Ante ello, Maduro acentuó la represión y con ello ha provocado protestas y fisuras en las filas opositoras, decepcionadas del encuentro en Bahamas.

¿Qué hacer para acabar con esta tragedia, acentuada por la siniestra complicidad de rusos, cubanos y políticos comunistas que anuncian que a fines de julio se reunirán en Caracas bajo la sombrilla del Foro de São Paulo, para coordinar estrategias de apoyo a la  dictadura?

Retirarse de Bahamas sería lo aconsejable para Guaidó. Al menos habrá demostrado a gobiernos como el mexicano, uruguayo y noruego que la solución a la crisis venezolana no pasa por negociaciones, sino por acentuar el aislamiento y el bloqueo económico y comercial al régimen chavista.

Y de nuestra parte, sería muy importante que el Congreso de la República –como ha hecho Chile– apruebe una moción de respaldo al informe de la señora Bachelet, y demande al Gobierno que su representante ante la CAF –institución presidida por el exministro peruano de Economía, Luis Carranza– siga el camino del BID y acredite a un delegado del presidente Guaidó en reemplazo del actual directivo designado por la dictadura.

Foto: Español24.com

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