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Opinión

Gracias, Alejandro Toledo Manrique

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¿Qué camino lo llevó a ser hoy el más buscado?



Alejandro Toledo Manrique se hizo conocido ad portas de la elección de 1985. Pepe Mejía (hoy ligado a Fernando Zevallos), entonces operador de medios del APRA, lo contactó con los canales de TV para divulgar la “heterodoxia” económica, novedad que traía un joven Alan García Pérez (AGP) que se había deshecho de la vieja guardia del partido utilizando el caso Langberg (narcotráfico).

ATM había regresado hacía poco al país para participar del equipo de Alfonso Grados Bertorini en el Ministerio de Trabajo.

Se presentó al público como economista graduado en Stanford, cuando en realidad había estudiado en la Facultad de Educación, para ser profesor de Economía (así como hay docentes de matemática que no necesariamente son matemáticos o profesores de geografía que no son geógrafos). No importaba si sabía o no de qué estaba hablando; las puertas de los medios de comunicación se le abrían y los periodistas (ayer como hoy, con poca preparación) lo consideraban un gurú económico. AGP ganó las elecciones y aplicó la “heterodoxia” con los resultados conocidos. No se olvidó de agradecer el apoyo de Toledo y lo nombró en directorios de bancos estatales.

Cuando trabajaba en Caretas, mi primera comisión fue hacer una nota sobre las minidevaluaciones. Para entonces, Toledo había sido “invitado a irse” de la Universidad del Pacífico por apropiarse de las ideas de otros investigadores, y fue asimilado por ESAN como Jefe de Investigación. Cuando lo llamé para saber su opinión sobre tales mini devaluaciones, me pidió que lo vaya a entrevistar al Club Villa y que no me olvide de llevar al fotógrafo. Me indicó que lo encontraría sentado junto a la piscina…

Desde siempre quiso ser aceptado por el establishment limeño, aunque fuera como el “exótico” de la fiesta… y quién diría que fue un peluquero de sociedad el personaje clave para abrirle las puertas, pero también para esconder su patrimonio mal habido y ser finalmente vilipendiado.

En ESAN, Toledo era el encargado de organizar seminarios internacionales y editar las ponencias como libros, a los cuales él les hacía un prólogo. Recuerdo un evento en el auditorio del Hotel Crillón donde expuso Roberto Zahler (graduado de la Universidad de Chicago, profesor de la Universidad de Chile y presidente del BCR de su país en el período 1989-1996). Ni bien terminó su disertación, Toledo se acercó y delante de todo el mundo le dio dinero en efectivo y le hizo firmar un recibo. Tacto, le dicen.

Toledo se hacía conocer en todos los ambientes. Es así que entabló amistad con Carlos Manrique, el dueño de CLAE. Fue este personaje quien le pagó los gastos que irrogan ser “visiting scholar” en Harvard (para entonces unos US$ 75 mil). Ante la debacle de la pirámide de CLAE, Carlos Manrique lo nombró como parte de su “dream team” de economistas que salvarían a la institución (otro que recuerdo es Hernán Garrido Lecca). CLAE era una gran estafa en la que él y sus hermanos tenían enormes cantidades de dinero nunca explicadas.

En las elecciones presidenciales de 1995, aparece como la novedad política. Nadie me puede quitar de la cabeza que fue una creación de Vladimiro Montesinos para distraer el voto de Javier Pérez de Cuéllar. Cuando a Montesinos ya no le era útil, lo destruyó (ver entrevistas con Nicolás Lúcar).

Fue mi profesor en ESAN luego del fracaso de su primera candidatura. Se las daba de gran intelectual y amigo de autores contemporáneos. Un día me vio con un libro de Robert Reich (secretario de Trabajo de Bill Clinton en 1993-1997, profesor de políticas públicas de la Universidad de California en Berkeley) para contarme que era su pata del alma, su “causa”. Por supuesto, no le creí.

Para probar el conocimiento en materia económica, del cual se jactaba, recuerdo que le pregunté cuál era la diferencia entre la teoría del valor en la economía clásica y las nuevas propuestas de valor de las teorías financieras. Me respondió como ha respondido toda su vida: chamullo sazonado con referencias a “sus amigos”. Me cambié de curso, y no sé cómo algunos sí se quedaron para escuchar a este charlatán. ESAN fue su centro de campaña electoral para el 2000 y 2001. La institución sufrió y varios profesores renunciaron.

Su presidencia fue su fiel reflejo: menos que mediocre. Si el Perú necesitaba una reconstrucción de las instituciones y una limpieza moral, lo suyo fue la francachela, las prebendas para la familia y una hipócrita reivindicación de lo indígena que nunca fue más allá del disfraz. En sus raros pálpitos de lucidez, supo escoger un equipo de gobierno que le haga el trabajo (el trabajo sucio también), pero fue finalmente un malagradecido.

Para Navidad del 2010, se sentía ganador y adelantó el festejo en su balneario favorito: Punta Sal. Por supuesto fue con sus amigotes, que ya se repartían cargos y embajadas. Perdió las elecciones por su soberbia, pero arrastró a los demás en su derrota (destruyó a su partido, alejó a sus más leales colaboradores).

Se sintió el “salvador del Perú” y el único que podría evitar un “salto al vacío”. Tuvo el cuajo de pedir, a través de intermediarios, la renuncia de los otros candidatos a su favor. No fueron los diablos azules lo que lo hicieron proclamar “Todos a mí”, sino su miedo a los compromisos y promesas ya realizadas. Para salvar su crítica situación personal, ahora endosó la candidatura de quien decía era “un salto al vacío”.

Gracias por tu coherencia, Alejandro Toledo Manrique.

Pero como buen hipócrita supo reciclarse. Se sumó como garante de la Hoja de Ruta a cambio de protección judicial. Con la “pareja presidencial” tuvo protección cuando se destapó el caso Ecoteva y usó su facilidad para mentir. Se paseó por la Fiscalía y el Congreso clamando su inocencia. Tuvo la raza de decir que si le descubrían corrupción dejaría la política. El mismo trato pusilánime recibió su carismática esposa (y sobre esa condición se tendría que revisar los papeles, pues mis fuentes me dicen que son arrejuntados nomás: se divorciaron luego de una rotunda catana fruto del alcohol).

Como es cínico, se presentó al reciente proceso electoral. Como “cholo terco”, perdió la inscripción pues nadie le creyó. No le quedó otra que refugiarse en Stanford diciendo que es profesor. Mentira.

Alguien ha pagado US$ 100 mil para que sea un “visiting scholar”, vale decir, tiene derecho a biblioteca, a una oficinita, a ir a seminarios/clases pero nada más. Quien tiene contrato hasta setiembre en el centro de estudios latinoamericanos es Eliane. Con el reciente escándalo, nadie los quiere en Stanford. Son unos apestados, peligrosos para el prestigio de la universidad.

Ahora sabemos la verdad. Sabemos que no tiene escrúpulos para mentir y meter en sus actos corruptos hasta a su anciana suegra. Los días con Fujimori en el Fundo Barbadillo prometen ser nada aburridos.

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