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Goleada

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El acuerdo con Odebrecht jamás será aquello que negociadores experimentados denominan win-win. El perdedor es el Estado peruano y la reciprocidad también está ausente: ¡el acuerdo nos prohíbe demandarlos y más bien ellos ya nos demandaron por 2000 millones de dólares más!



El acuerdo con Odebrecht es una derrota por goleada; afectará profundamente la estabilidad jurídica del Perú y, al final de cuentas, nos dará una pésima imagen internacional. Este arreglo jamás será aquello que negociadores experimentados denominan win-win, es decir, aquel en el que las dos partes –en este caso Odebrecht y el Estado peruano– se sienten satisfechas y realizadas en su beneficio.

Aquí el perdedor, en su integridad y por goleada, es el Estado peruano; y el ganador absoluto, un rufián con tentáculos multinacionales. La reciprocidad también está ausente: el acuerdo nos prohíbe demandarlos, pero como Marcelo aún corea por más goles, más bien ellos ya nos demandaron por 2000 millones de dólares más.

Bueno: ¡eso solo por ahora! La verdad sea dicha es que como te ven te tratan: un acuerdo solo rubricado por el tocado fiscal Domingo Pérez –un funcionario sin experiencia en negocios o en negociación– menguaba de entrada la posición del Perú al momento de enfrentarse a los pillos mejor pagados del Brasil. Fíjense sino como Ollanta y Nadine mantienen una cuadrilla (bien remunerada) de abogados espectaculares que incluye a su primo carnal Santiago Gastañadui, a quien le sobra cancha y patea tiros libres desde cualquier punto. Y es que para salir bien librados de tantos juicios difíciles hay que tener buenos jugadores.

Dicho lo anterior: la verdad es que si ni con Sotil y Cubillas le pudimos ganar al Brasil, ¿acaso alguien pensó seriamente que la dupla Vela Barba-Domingo Pérez conseguiría al menos un gol en la cancha de Sao Paulo y que no verían pasar la pelota entre sus piernas en estrepitosa goleada? El acuerdo que firmó Odebrecht en su natal Brasil estableció una respetable indemnización de 2600 millones de dólares; y fue gestionado por una honorable corte neoyorquina, pues los cariocas sabían muy bien que su propia justicia –entiéndase, sus líderes y fiscales– jamás caminaría derecho.

En Colombia, al menos un tribunal ordenó a la multinacional Odebrecht el pago de 252 millones de dólares de indemnización y la inhabilitó diez años para contratar con el Estado por corrupción. Pero en nuestro paisito –tan joven, despistado y confundido a pesar de su Bicentenario en ciernes–, los bravos fiscales escogidos por el Estado dieron carta libre a los brasileños para delinquir por quince años más y solo pudieron recibir una famélica indemnización a a plazos. ¡Sinceramente mejor era nada!

Al final, este acuerdo solo beneficia a cinco familias comprobadamente envueltas en la corrupción galopante de los megaproyectos: los hermanos Odebrecht, los primos Graña Miró Quesada, y las parejas Humala-Heredia y Toledo-Karp. Hoy hasta siento pena por PPK pues, a pesar de todo, y comparado con estos fiscales, diría que él fue más decoroso.

Sorry about that, Peter!

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