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¿Fumando espero a que me cierren la mina?

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Ya estuvo bueno de filosofía: es momento de actuar con el jus imperium del Estado o resignarnos a que el país se paralice. 



Con el apoyo de grandes empresas mineras, dueños y funcionarios de alto nivel del sector minero se dio en el Hotel Boulevard, el miércoles 22 de febrero pasado, el I Foro de Diálogo “El rol y la articulación del Estado frente a los conflictos sociales” organizado por el Grupo de Diálogo, Minería y Desarrollo Sostenible con el apoyo del Instituto del Diálogo.

El foro tuvo la presencia de Rolando Luque, jefe de la Oficina Nacional de Diálogo y Sostenibilidad (ONDS) de la PCM; Miriam Morales, directora de Asuntos Socio Ambientales del MTC; Amalia Ruiz, asesora del Despacho Ministerial del Ministerio del Interior; y Eduardo González, jefe del Gabinete de Asesores del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento.

Los expositores más esperados eran Rolando Luque (ex Defensoría del Pueblo, abogado y filósofo por la Universidad San Agustín de Arequipa) y la Sra. Morales pues representan a los sectores que han estado en el ojo de la tormenta además de la Sra. Amalia Ruiz, quien la semana pasada sacó su propia unidad de conflictos (reuniendo además los temas de descentralización y demarcación territorial). A continuación, reseño sus exposiciones:

Luque es un viejo conocido, pues ha trabajado años en la Defensoría del Pueblo viendo temas de conflictos y llego al cargo de adjunto del responsable de la institución. Él inició su alocución mencionando que el conflicto es la expresión de la incapacidad del Estado de atender a sus ciudadanos: llega cuando la violencia se desborda.

Existe una multiplicidad de actores en un conflicto y las diversas capas de intereses que se superponen a los intereses originales de las comunidades. La multiplicidad de agendas no están ordenadas ni priorizadas y gana espacio quien grita más o amenaza ser más violento. Y las reivindicaciones se dan en todos los aspectos de la relación estado-ciudadano, pues el olvido o negación viene de antaño. Para la población de la zona, es la única oportunidad para ser escuchados y valorados.

Y si el Estado enfrenta a una multiplicidad de actores, lo mismo sucede con las instituciones públicas que no coordinan entre ellas y muchas veces se atropellan. Peor aún, existen tres niveles de gobierno: nacional, regional, provincial/local.

Quien aparenta tener las cosas claras es la empresa; sin embargo, el problema surge en la división de trabajo en el mundo minero: las junior exploran y lo que encuentran lo venden a empresas grandes que operan los yacimientos. Las junior pueden prometer cosas que las empresas que compran el proyecto no pueden asumir. Luego viene la disputa al interior de la empresa de la asignación del dinero para relaciones comunitarias y la visión que tiene cada gerente al respecto (relación de enemigos, de compadrazgo, de tutor, etc.)

Es en esta dinámica de relaciones que hay que entender los conflictos sin perder de vista que están en juego otros intereses a mayor nivel que tiene que ver con dinámicas de política nacional e internacional. El conflicto debe ser un pacto hacia el futuro reconociendo los errores del pasado, en el cual la multiplicidad de actores participa y asume responsabilidades. Es por ello que hay que revalorar la consulta previa ahí donde se debe realizar (no caer en el juego de los que quieren utilizarla sin merecerla).

A la complejidad mencionada líneas arriba, se le suma la violencia terrorista de los ochentas, cuando ambos bandos cometen atrocidades, y el ajuste estructural de los noventas, sin una red de asistencia social para atenuar sus efectos en la población pero con la tarea pendiente de las reformas de “segunda generación”.

La lucha contra la corrupción fue una mentira: los que acusaron ayer son los corruptos de hoy, lo que significa que no se construyó un adecuado sistema de control. Todo esto trae temor y desconfianza hacia el Estado, mostrando una continuidad autoritaria que ha marcado nuestra historia republicana. ¿Democracias? Obra en construcción. Las mesas de diálogo, y luego mesas de desarrollo, ya han mostrado su caducidad. Es el momento de hacer política pública en serio y no tapar huecos.

La intervención de la Sra. Miriam Morales Directora Asuntos Socio Ambientales del MTC se centró en definir el esquema multiactor como parte de institucionalización de espacios para tratamiento de conflictos. Por otro lado, hizo énfasis en la necesidad de la continuidad del gobierno para articulación intersectorial. Esto es hace rato una tarea pendiente pues cada cartera al enfrentar por su lado el conflicto se va desgastando. Lanzó una propuesta para una  “Infraestructura para la paz” al interior de los tres niveles de gobierno. Suena bonito pero…

Una manera de comenzar a limpiar la cancha de pendientes y rencillas históricas es hacer una sistematización de promesas y/o acuerdos con las comunidades o gobiernos locales y definir qué se va a cumplir y qué no (y dar las razones para la negativa). Morales mencionó también que tiene conocimiento de “Alianzas para el Diálogo”, una iniciativa del PNUD para fortalecer la gestión de gobiernos regionales y locales, pero actualmente desconoce la continuidad del programa.

A su turno, Amalia Ruiz MININTER— habló de una “confianza fracturada”. Como ejemplo dio “las esterilizaciones forzadas” tema sobre el cual no se ha hecho justicia luego de varios lustros (no es posible construir confianza sobre heridas no cicatrizadas). Pero además están los prejuicios ancestrales (por ejemplo, antiguo recelo al centralismo limeño). Existe una manera de articular mejor y de manera más rápida con mejores protocolos la respuesta de Estado en su conjunto pero los gobiernos regionales, provinciales y distritales no se compran el pleito. ¿Por qué no se sienten arte del problema y de la solución? No es posible seguir con un discurso que nos divide (el de las ONG que hablan de pueblos originarios que NO pertenecen al Perú) pues somos un país, una sola nación con una sola bandera.

Mencionó que existe un proyecto de ley para el Sistema Nacional de Prevención y gestión de conflictos, en coordinación con ONDS, que buscaría dar una solución integral al conflicto y no reducirlo a un pliego de demandas. Recalcó, como los anteriores oradores, sobre la necesidad de la articulación intersectorial y a los tres niveles de gobierno.

Bueno, se trata de tres magníficas intervenciones de profesionales que saben su tema. Pero la pregunta que ninguno respondió es: ¿CÓMO PONGO ESTO EN PRÁCTICA SI YA ME TOMARON LA MINA O EL POZO PETROLERO?

Ya estuvo bueno de filosofía: es momento de actuar con el jus imperium del Estado o, de lo contrario, el país se paraliza mientras algunos cavilan y meditan tomando café en sus cómodos escritorios o dando charlas en hoteles capitalinos con aire acondicionado.

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