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Fuerza Popular: ¿bisturí o chaveta?

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El fujimorismo está en todo su derecho de presidir la Mesa Directiva del Congreso durante los cinco años que se avecinan.



El fujimorismo está en todo su derecho si, como anuncia su vocero Pedro Spadaro, tiene pensado presidir el Congreso durante los cinco años que se avecinan. Como es obvio, con 73 parlamentarios (de un total de 130) ellos tendrán un amplio control del Legislativo e impondrán la Mesa Directiva que quieran, por duro que nos suene a muchos. 

Duro y soberbio si se quiere, pero de ninguna manera “antidemocrático”, como algunos se apresuran en señalar. En lo personal, preferiría una coordinación fluida entre Congreso y Ejecutivo durante el periodo 2016-2021, y si de allí se deriva que la primera Mesa Directiva (2016-2017) fuera presidida por un ppkausa, como lo pide públicamente Martín Vizcarra, enhorabuena. Sin embargo, esto no ocurrirá como resultado de una campaña mediática sino de una necesaria negociación política entre Peruanos Por el Kambio y el partido naranja. Y que sepamos, no se ha producido una coordinación mínima en ese sentido.

Entonces, ¿por qué el fujimorismo tendría que entregarle el Parlamento en bandeja de plata a Pedro Pablo Kuczynski y compañía? Repito: nada es gratuito y menos en política. Y no hablo en un sentido crematístico, sino de la necesidad de establecer un canal de entendimiento leal entre gobierno y oposición para arribar a consensos mínimos. De esto aún no hay nada, pero de que se necesita, por supuesto que sí. 

¿Imposible? ¿Utópico con tantos fujimoristas y pepekausas enfrentados? Si alguien lo pensara así habría que preguntarle para qué diablos se metió en política.

Ahora bien, el fujimorismo puede tener grandes expectativas acerca de su futuro maniobrando desde el Congreso, pero también podría terminar cavando el foso en el que enterrará sus aspiraciones de llegar al poder en 2021. No olvidemos algo: desde el año 2000 en adelante siempre ganó las elecciones el candidato que era percibido como “líder de la oposición”. Pasó con Alejandro Toledo ante Alberto Fujimori (2000-2001), Alan García ante Toledo (2006) y Ollanta Humala ante García (2011), pero esta vez no sucedió lo mismo con Keiko, quien según todas las encuestas había encabezado a la oposición durante el último lustro.

Lo que quiero decir es que no basta con ser la principal fuerza de oposición para llegar al poder. Y si la ciudadanía interpreta que el fujimorismo solo se dedicará a labores de boicot ante Kuczynski, las cosas no serán distintas para su candidata en 2021. Así, o aprenden a manejar el “bisturí” de una oposición que fiscaliza duramente pero a la par propone, presenta alternativas, o se pierde en un callejón donde la “chaira” solo servirá para satisfacer a su barra brava. 

Interesante desafío para Keiko y sus más cerebrales colaboradores.

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