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Fraude en Bolivia: la responsabilidad de Almagro

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El 10 de abril, el secretario general de la OEA espaldó firmemente pronunciamiento de la Comisión de Venecia contra la reelección de Evo Morales; pero el 17 de mayo sufrió una increíble metamorfosis política para terminar diciendo que "sería absolutamente discriminatorio" que le impidieran postular.



Las graves denuncias de fraude en las elecciones de Bolivia, a favor del presidente Evo Morales, han provocado que mañana se reúna de urgencia el Consejo Permanente de la OEA, integrado por el cuerpo de 34 embajadores acreditados en Washington. La propia Misión de Observación Electoral del organismo hemisférico emitió ayer un lapidario comunicado sobre ese cuestionado proceso.
El documento señala, en efecto, que se “ha testificado la iniquidad evidente entre los candidatos: ha sido notorio el uso de recursos públicos durante la campaña”.

Los veedores denuncian, asimismo, que “ayer a las 20.10 el Tribunal Supremo Electoral dejó de divulgar resultados preliminares, por decisión del pleno, con más del 80% de las actas escrutadas. 24 horas después el TSE presentó datos con un cambio inexplicable de tendencia que modifica drásticamente el destino de la elección y genera pérdida de confianza en el proceso electoral”. Y manifestaron “profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares conocidos tras el cierre de las urnas”.

En palabras recubiertas de lenguaje diplomático, la misión de la OEA está confirmando que el candidato del gobierno empleó dinero del Estado en la campaña, como lo advirtieron numerosas veces la oposición y la prensa independiente; además, sin la menor duda, su informe apunta evidenciar un timo de enormes proporciones en los comicios del domingo.

Mientras la oposición protesta en las calles y derriba una estatua de Hugo Chávez en la ciudad de Riberalta, en la Amazonía Nicolás Maduro y Diosdado Cabello saludan jubilosos el “resonante triunfo del gran jefe indio Evo Morales”. También festejan los mandatarios de Cuba, Nicaragua, el Frente Farabundo Martí de El Salvador y las FARC, grupo guerrillero de Colombia, que expresa que “nuestra América resiste ante ataques de la ultraderecha y responde con autonomía […] seguimos en el camino del buen vivir”.

Lo que empieza mal termina mal, dice un viejo refrán. Ahora lo debemos recordar porque la OEA se cruzó de brazos y no hizo nada para frenar la ilegal candidatura de Evo Morales a una nueva reelección, porque estaba impedido de postular no solo por mandato constitucional sino por el resultado de un referéndum.

Derrotado en las urnas –recordemos–, un aparentemente humilde y contrito Evo Morales anunció que respetaría la voluntad popular y se retiraría a poner un restaurante en el Chapare. Pero lo que hizo fue engañar a su país. Para ello, puso en marcha una artimaña utilizando un Tribunal Constitucional –que oficia de furgón de cola de su gobierno–, el cual emitió un pintoresca resolución: dijeron que, a pesar de que la Carta Fundamental y el plebiscito lo impedían, el presidente podía presentar su candidatura porque, de no hacerlo, afectaba sus derechos humanos consagrados en el Pacto de Bogotá de la OEA.

¿Y saben qué pasó? Pasó que el Secretario General de la OEA, embajador Luis Almagro, derivó esa “resolución judicial” (por llamarla de alguna manera) al Tribunal de Venecia, para que opinen los expertos en derecho constitucional que asesoran al Consejo de Europa. El 20 de marzo de este año la Comisión emitió un contundente dictamen, expresando que una reelección no tiene ninguna vinculación con los derechos humanos y que “limitar los mandatos garantiza la democracia y no equivale a discriminacion”.

El 10 de abril, el embajador Almagro respaldó firmemente ese pronunciamiento. Pero un mes y una semana más tarde, un inolvidable 17 de mayo ocurrió un hecho sorprendente que merece registrarse en el libro de antología de la metamorfosis política.

Almagro aterrizó en La Paz, donde fue recibido con honores y fanfarria por Evo Morales. Luego se trasladaron a la zona cocalera del Chapare y ahí, ante la sorpresa del periodismo y de la oposición, dijo todo lo contrario de lo que había opinado antes: que “sería absolutamente discriminatorio” que impidieran postular a Evo Morales. Estallaron los aplausos, sonaron las trompetas, lanzaron al aire la pica pica. Danzarines y manifestantes se acercaron efusivos al secretario general del organismo interamericano que, de seguro, a partir de ese día tendrá a Evo Morales como uno de sus jefes de campaña para reelección.

¿Y saben qué más? Que en la OEA nadie dijo una palabra antes esa gravísima falta de Almagro, cuyas consecuencias de fraude y violencia están padeciendo los demócratas bolivianos y de todo el hemisferio. A veces, pues, el silencio diplomático termina convirtiéndose en complicidad, afectando principios y valores consagrados en la Carta fundacional y en diversos acuerdos del organismo hemisférico.

Por eso señalé, líneas arriba, que lo que comienza mal termina mal. Evitemos que termine peor, como está sucediendo en otros países hermanos de América Latina.

Foto: LosTiempos.com

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