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Francia: de la socialdemocracia al liberalismo social

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Cuando una economía de alto proteccionismo social como Francia entiende que el camino al bienestar es el impulso de la empresa y el trabajo, no nos deja de sorprender que en el Perú aún se escuchen voces de retorno al Estado empresario (que tanto daño nos hizo desde la década del setenta).



En un país donde los beneficios y logros sociales son considerados casi como sacramentos, Macron ha emprendido una serie de reformas destinadas a dirigir al Estado francés hacia la modernización, ecología y dinamismo económico.

Son ampliamente conocidos los constantes movimientos sociales en Francia que generalmente buscan mayores beneficios sociales y menos impuestos: el reciente fenómeno de los gilets jaunes (“chalecos amarillos”) empezó como una protesta justificada por el alza del combustible para pasar a un complejo enjambre de requerimientos, que fueron desde la disminución de horas de trabajo (esta ya es de 35 horas a la semana) pasando por el incremento del impuesto a los más afortunados hasta la reducción de la edad de jubilación. Es decir, una demanda popular de mayor asistencialismo sin importar de dónde venga el dinero.

Las últimas elecciones del Parlamento Europeo posicionaron al movimiento populista de Marine Le Pen como primero, seguido de cerca por el grupo de Macron y otorgando un tercer honroso lugar a los ecologistas. Fracasaron la derecha tradicional, que poco a poco se une a Macron, y los comunistas, cuyos votos se dirigieron a la populista Le Pen.

En este ambiente, el gobierno a través de su primer ministro Edouard Philippe solicitó el voto de confianza para una nueva política de gobierno que regirá para los tres años que quedan del quinquenio. Para sorpresa de muchos, su discurso fue más liberal que socialista, modificando algunos beneficios sociales y reduciendo algunos impuestos.

Este nuevo social liberalismo o liberalismo social –como quiera llamársele– busca dinamizar la economía con protección social, pero siempre y cuando esta última contribuya a lo primero. Aquí unos ejemplos:

La edad de jubilación se mantiene a los 62 años, pero si se quiere obtener una jubilación completa se tendrá que trabajar algunos años más. El cambio de los beneficios de desempleo, haciendo regresivo el pago y reduciendo el número de meses para obtener ese beneficio, es otra medida. Se ha reducido también el impuesto a la renta y a la habitación; se ha lanzado una iniciativa de privatización de la administración de los aeropuertos y políticas para acelerar acciones en favor de la ecología.

Cuando una economía de alto proteccionismo social como Francia entiende que el camino al bienestar es el impulso de la empresa y el trabajo, no nos deja de sorprender que en el Perú aún se escuchen voces de retorno al Estado empresario que tanto daño nos hizo desde la década del setenta.

Nuestro sistema no es perfecto; sin embargo, son los empresarios privados –grandes, medianos y pequeños– los impulsores del desarrollo económico del país. Y este desarrollo es sostenido por la necesaria inversión del Estado, que complementa al sector privado y que además debe asegurar servicios básicos de excelencia en salud, educación, seguridad y justicia.

Imagen tomada de Libertad Digital

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