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Fanfarronada

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Si resumimos las declaraciones de Kenji Fujimori en una palabra, esta sería "DESCONOZCO". Y ha dejado a los periódicos izquierdistas con la sangre en el ojo.



“Seré testigo en los casos en que sea necesario y demostraré quiénes son los corruptos”, amenazaba en marzo pasado Kenji Fujimori a sus otrora correligionarios de Fuerza Popular quienes desde su perspectiva son los responsables –y no él– de su debacle política tras la revelación de los videos en los que se le ve negociando para evitar la destitución del exmandatario Pedro Pablo Kuczynski.

Aquella vez el hijo predilecto de Alberto Fujimori logró su cometido: ser nuevamente el centro de atención de los medios de comunicación. Y es que, valgan verdades, Kenji aprovechó (seguramente aconsejado por su cuestionado asesor Alexei Toledo) una coyuntura complicada para su hermana. Recordemos que Jorge Barata, exsuperintendente de Odebrecht en el Perú, reveló en febrero pasado ante fiscales peruanos en Sao Paulo que la constructora brasileña aportó –a través de Jaime Yoshiyama, Augusto Bedoya y Jaime Briceño– un millón 200 mil dólares a la campaña presidencial de Keiko del 2011.

Así pues, la información sustancial (?) que Kenji podría haber brindado al Ministerio Público hubiera sido suficiente para sepultar a la lideresa de Fuerza Popular. Pero, como ya todos sabemos, ocurrió todo lo contrario y el fiscal José Domingo Pérez, a cargo de la investigación contra Keiko por presunto lavado de activos, se llevó una ingrata sorpresa y se quedó con las ganas de recolectar elementos para solicitar cárcel preventiva para la emperatriz del fujimorismo.

Si resumimos las declaraciones del líder de los Avengers en una palabra, esta sería “DESCONOZCO”. Los periódicos izquierdistas (cuyo único ideario es el antikeikismo: ahora se han vuelto amiguísimos de Kenji) se quedaron con la sangre en el ojo. El hermano menor de los Fujimori dijo desconocer si su hermana había tenido algún nexo con Odebrecht y/o empresas vinculadas, a la vez que admitió que sus imputaciones hacia los parlamentarios Luis Galarreta, Úrsula Letona y Lourdes Alcorta por supuestamente haber sidos “financiados por Odebrecht” no fueron más que chismes que él –y solamente él– revisó en la prensa. En pocas palabras y al mejor estilo de su fiel amigo Bienvenido Ramírez, Kenji demostró que es un perfecto fanfarrón.

Mientras tanto, el frontal legislador Mauricio Mulder se burlaba de esta situación y sugería a la Fiscalía que si Kenji Fujimori tendría que decir todo lo que sabe por un caso, este debería ser Limasa. Razón no le falta al aprista.

Dejando de lado esta infructuosa diligencia fiscal, la fanfarronería de Kenji Fujimori estaría a punto de llevarlo al banquillo de los acusados. Con su desafuero inminente (está clarísimo que el Parlamento no lo perdonará por intentar comprar votos contra la vacancia de PPK), el congresista más votado en las últimas elecciones (!) tendrá que hacer frente a sendas acusaciones por difamación que le formularán –según me cuentan– Galarreta, Letona y Alcorta ni bien vuelva al llano como un ciudadano común y corriente.

Desde aquí le recomendamos al señor Fujimori que si no ha podido hallar pruebas que relacionen a los “naranjas” con Odebrecht mejor se rectifique de una buena vez, porque el delito de difamación es penado en el país hasta con tres años de cárcel. De lo contrario, mejor váyase probando el traje a rayas.

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