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Esto no es un cuartel

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Ahora han creado un psicosocial: los jóvenes de Los Olivos y las fiestas (pocas numéricamente) están expandiendo el COVID-19, ‘malogrando’ el trabajo del régimen.



Probablemente los 13 jóvenes que murieron asfixiados en la discoteca de Los Olivos (Lima) tenían parientes infectados o muertos por el coronavirus, al igual que los asistentes a tan aciago evento. De hecho, 11 de los fallecidos estaban contagiados y de los 26 detenidos, 15 son positivos. La Policía, cuya pésima intervención fue antes del toque de queda, aduce que no cerró las puertas del local porque estas abren para adentro. Tendrá que corroborarse. Las puertas no se cierran solas y es difícil que quienes querían escapar del local lo hayan hecho.

A esas personas de escasos recursos el gobierno no les da ni un cacho para enfrentar el Covid-19. Ni mascarilla, pruebas, ivermectina, azitromicina, menos oxígeno y respiradores. Los puestos de salud de atención primaria no funcionan, grave error, revelador de la falta de estrategia del gobierno y de su estrepitosa negligencia.

En Kentucky, EE.UU., se iniciaron las fiestas COVID-19 para desafiar la indicación de la distancia social. Nadie fue detenido ni multado. En Italia, España y Francia los jóvenes van de farra, liban harto y muchos se zurran en el uso de mascarilla. Ninguno terminó en la cárcel. En Europa, jóvenes protestan –sin mascarilla– porque la prevención contra el coronavirus afecta sus ‘derechos’

Al igual que ellos, los muchachos de la discoteca de Los Olivos son jóvenes con hormonas, ganas de vivir y la irresponsabilidad propia de esos años. Viven estrechamente y probablemente no tienen trabajo, pero como todos los de su edad quieren divertirse.

Desde el inicio de la pandemia, el gobierno de Vizcarra nos encerró sin resultado, persiguiendo a quienes incumplían el toque de queda. Su estrategia es culpar a alcaldes, gobernadores y ciudadanos del avance de la enfermedad y de los muertos. Ahora ha creado un psicosocial: los jóvenes de Los Olivos y las fiestas (pocas numéricamente) están expandiendo el COVID-19, ‘malogrando’ el trabajo del régimen. Con el agravante de haber desatado un repugnante racismo y bronca basados en el miedo a morir que nos aterroriza. Se resume en: “estos cholos (informales, gente de mal vivir) friegan todo” o “ellos tienen la culpa” por infringir la sagrada e inútil ley. Y como esos jóvenes tienen dolor y lo manifiestan en el cementerio, son filmados y penalizados, abundando en el necio argumento de que ellos provocan nuestra desgracia.

No se habla ni informa sobre la escandalosa y apestosa corruptela gubernamental ni de la desastrosa atención hospitalaria. Encima el MINSA presenta las cifras Covid-19 tramposamente. Para el 26 de agosto teníamos cerca de 9.000 contagiados diarios, la sala situacional indica 3,329. El resto esta escondido. Las cifras regionales de muertos son igualmente ‘rebajadas’ por el MINSA. Vimos un video donde el Premier y 15 personas cantan ‘happy birthday’ sin distancia social. El autoritarismo que se ha gestado avalará más mano dura.

Nota del editor: El sábado 29 de agosto se reveló un video de las cámaras de seguridad de la discoteca ‘Thomas Restobar’, que muestra que el tumulto de gente no cerró la puerta del local, tal como lo señaló el capitán de la Policía, José Amézquita, quien estuvo a cargo del operativo en el que trece personas murieron por asfixia.

Imagen original: Expreso

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