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Estafas: víctimas por avaricia

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Grandes fraudes como los de Refisa y CLAE en Perú y el perpetrado por Madoff en Estados Unidos no fueron más que nuevas versiones del diabólico esquema Ponzi.



Recurrentemente la Superintendencia de Banca y Seguros advierte a la población que no se dejen engañar con ofrecimientos de empresas que ofrecen el oro y el moro, sobre todo en aquellas acciones que pueden hacerla perder todo su dinero. En el Perú ya hubo estafas de esta índole como la de Refisa y CLAE, en la línea del sistema Ponzi. Este mecanismo ofrece gran rentabilidad a sus inversores gracias a que consigue fácilmente que se le preste capital para ser invertido; los intereses del dinero depositado o prestado son pagados con el dinero que invierten los nuevos clientes y así la rueda sigue funcionando… hasta que deja de entrar dinero.

La historia de esta pirámide comienza con el temible estafador italiano Carlo Ponzi, un inmigrante más que llegó a Boston en 1919 y que a los pocos meses hizo una fortuna en base a estafas y engaños. Facilitaba el contacto entre los soldados y sus familiares en Estados Unidos poniendo en circulación cupones de respuesta postal internacional que compraba en Europa a un centavo de dólar y que –había descubierto– podía cambiar en Estados Unidos por sellos postales que, en total, alcanzaban cinco veces más su valor. Así es: CINCO veces más.

El tipo de cambio terminaría por producirle enormes ganancias de billetes verdes. Obviamente cuando vio el potencial del negocio pensó comprar cupones en la mayor cantidad posible: hubiera sería absurdo cruzar el océano solo para comprar solo uno. Así que para agenciarse de capital convenció a dos nuevos inversionistas, quienes a su vez convencieron a otros dos y… ¡había nacido la pirámide!

Pero Ponzi dejó de comprar cupones: más bien, se dedicó a pagar beneficios de hasta el 100% en tres meses utilizando el capital de los nuevos inversores. En marzo de 1920 ya poseía unos US$30 mil dólares; en mayo había logrado recaudar US$420 mil que depositó en bancos. Poco le duró el gusto: en agosto del mismo año los bancos y medios de comunicación declararon a Ponzi en bancarrota.

El gobierno federal de los Estados Unidos intervino finalmente a Ponzi. Descubierta su estafa, fue enviado a la cárcel pero fue liberado porque pagó su fianza en dos prisiones distintas. Salió decidido a continuar con su sistema, convencido de que lo podía sostener, y durante el resto de su vida fue apresado innumerables veces. Murió en la miseria.

Los años nos traerían a Bernard “Bernie” Madoff, quien siguió la estela de Ponzi y su pirámide fue la de mayor resonancia en el Wall Street reciente. En diciembre de 2008 este banquero fue detenido por el FBI y acusado de fraude, el que había alcanzado la asombrosa cifra de US$ 64 mil millones de dólares.

El 29 de junio de 2009, Madoff fue sentenciado a 150 años de prisión.

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