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Es la hora del presidente

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Vizcarra debe aprovechar la dramática situación que le está dando la coyuntura nacional: hoy ninguna agrupación política podría oponerse a una reforma estructural del Estado ni lanzar la primera piedra ante cualquier iniciativa del Ejecutivo.



Cuando Martín Vizcarra asumió la presidencia generó una serie de expectativas que en pocos días fueron diluyéndose por acciones de gobierno superficiales y poco convincentes. Ello dio a entender que su mandato sería solo una extensión en versión light de su predecesor, el pusilánime y decadente lobbista PPK.

Por ello, los últimos acontecimientos que han destapado la corrupción generalizada tanto en el Poder Judicial como en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) pueden darle un nuevo ritmo a su gestión. Ante situaciones bochornosas como la de señora “K”, compadrazgos legislativos y demás chanchullos que han traído como consecuencia una serie de renuncias, Martín Vizcarra tiene la gran oportunidad –dudo que vuelva a tener otra–  de asumir un liderazgo protagónico para realizar una verdadera reforma en nuestras debilitadas instituciones.

Y es que el presidente debe aprovechar la dramática situación que le está dando la coyuntura nacional: hoy ninguna agrupación política podría oponerse a una reforma estructural del Estado ni lanzar la primera piedra ante cualquier iniciativa del Ejecutivo pues todos están salpicados –sino embarrados– de los escándalos que se vienen destapando día tras día. Poner como pretexto que la revelación de los audios son producto de una venganza de cierta prensa por la llamada “Ley Mulder” es un argumento irrelevante y sostenido con babas: lo cierto es que las conversaciones, componendas y corruptelas existieron y no hay manera de pasarlas por paños fríos o justificarlas.

Mención aparte merecen los colectivos y personas autodenominados “reserva moral”, que convocan a marchas de indignados pero que curiosamente fueron los mismos que apoyaron a gobernantes y autoridades que actualmente están siendo procesadas por corrupción. Se trata de una reserva moral convertida en “doble moral”, a la que hay que observar con suspicacia y recelo. Solo buscan su cuota de poder al lado de quien estuviere en capacidad de ofrecerles jugosas consultorías para su subsistencia.

Este es el panorama, ahora le toca al presidente tomar la iniciativa y demostrar que no llego al poder producto del azar. Para bien o para mal, las decisiones que él tome y exprese en su mensaje al Congreso serán trascendentales en el futuro del país. Por eso, y justamente en julio, es la hora de Martín Vizcarra.

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