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Entre la espada y la pared

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No bastan medias verdades, fintas públicas ni detención de chauchillas. La gente precisa encausar a los que fueron presidentes o castigará más a Pedro Pablo.



La reciente encuesta de opinión revela que en la presente coyuntura todos los líderes de opinión ven mermado su índice de aprobación. En el caso del presidente puede hablarse de un desplome, pues ha bajado once puntos. La novedad es que Keiko también ha bajado; en menor medida, pero ha perdido su inmunidad.

Son problemas diferentes. Ya tendrá el fujimorismo amplia ocasión de analizar las razones del retroceso aunque tengo para mí que estamos ante la primera señal de que el caso Odebrecht genera castigo para toda la clase política. Lo que importa, al momento del análisis, es la caída libre en la que se encuentra el índice de aprobación del presidente de la república.

Para explicar la caída no hay que recurrir a sofismas ni razonamientos bizantinos. Acá no hay que los congresistas deberían estar más unidos o que los ministros salgan a publicitar la obra del gobierno. Pie a tierra. No sigamos engañándonos.

A cinco semanas del sensacional destape de corrupción confesado en Nueva York, no se ha embargado medio pelo a la empresa perpetradora y se maneja la investigación con una lentitud solo comparable al secretismo de un acuerdo entre la Fiscalía y la empresa confesante, del cual nadie sabe nada y del cual no hay nada, repito, nada actuado ante el Poder Judicial.

Pasó mucho tiempo el presidente hablando como si de defender a Odebrecht se tratase. La triste realidad es que el pueblo peruano, que vive con intensidad el descaro político que trae consigo la presente crisis de corrupción, no percibe que el presidente esté comprometido en la lucha contra la corrupción. Más todavía si, fiel a su estilo, PPK cambia un día de posición y enarbola la bandera que promueve el retiro de Odebrecht.

¿Cuál es el verdadero Pedro Pablo? ¿En qué consiste realmente el liderazgo presidencial? Esas son las preguntas difíciles de responder. Y no se diga nada de la pregunta mayor: ¿Ha terminado la caída presidencial o su aprobación descenderá más todavía hasta cruzar límites difíciles de sostener?

Pedro Pablo se encuentra entre la espada y la pared. Cualquiera haya sido su razonamiento los pasos que da no funcionan. La gente no se va a contentar con medias verdades, con fintas públicas y más detención de chauchillas. La gente no va a parar hasta encausar a los que fueron presidentes. Y si no… castigará más a Pedro Pablo. Ese es el drama.

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