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Encrucijada histórica y legal

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Si las ventas de una empresa están bajando mes a mes, las pérdidas se acumulan y se van comiendo el capital, con toda seguridad el dueño o el directorio despedirán en el acto al gerente.



Si las ventas de una empresa están bajando mes a mes, las pérdidas se acumulan y se van comiendo el capital, con toda seguridad el dueño o el directorio despedirán en el acto al gerente. No pueden esperar sentados la quiebra de la compañía. Esto pasa a menudo en el mundo empresarial.

Lo que nos está pasando es en el fondo algo parecido, pero está sucediendo en medio de una pandemia terrible: lo que se pierde cada día son centenares de vidas humanas y el aparato productivo del país ha entrado en caída libre. Tenemos un desastre total a la vuelta de la esquina.

La pandemia es como una ola gigante que nos va a mojar a todos, es cierto. El asunto era, y aún lo es, cómo hacer para no ahogarnos y salvar la mayor cantidad de gente posible; y es precisamente en eso en lo que el gobierno –el gerente– ha fracasado estrepitosamente. Pero no es un fracaso cualquiera. ¿Acaso se han aplicado medidas administrativas elementales o disposiciones que el sentido común aconsejaba? No, no ha sido así.

Después de seis meses de pandemia han quedado claros la inoperatividad del gobierno, la negligencia punible de no haber hecho previsiones y/o compras elementales (sobre todo, de pruebas moleculares, material sanitario y respiradores), la terquedad en insistir en pruebas que no eran las recomendables, la mentira diaria de contagiados y fallecidos, la pasividad frente a actos de corrupción clamorosos, la acción de despedir y hasta arrestar médicos o enfermeras por denunciar deficiencias.

La prensa responsable y cientos de videos subidos a las redes nos muestran una realidad que nos deja perplejos, que nos aniquila el alma, como si estuviéramos sentados –como únicos sobrevivientes– en el medio de una casa arrasada por un huaico, sin saber que hacer, con la mirada pérdida sin entender lo que está sucediendo. El abandono total, el infierno en la tierra.

La Constitución establece cómo el mecanismo legal para dejar de contar un presidente inmoral o traidor, o con una enfermedad incurable; hasta existe el derecho de insurgencia. Pero ahora tenemos a un completo inútil cuyas acciones ya lindan con la maldad, y cuyas conferencias y declaraciones emanan sadismo.

Ante este cuadro de horror, ¿qué hacemos? ¿Respetamos un documento que no prevé con claridad esta situación? ¿Esperamos los once meses que le faltan al gobierno? ¿Merino? ¿Junta transitoria? ¿Violaríamos la Constitución si el objetivo es salvar vidas? Algo hay que hacer, peor no podemos estar. El Congreso y el pueblo tienen la palabra.

Imagen original: Semana.com

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