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En negrita

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Si el Grupo Romero quiere en realidad contribuir a la diversidad cultural haciendo de esta un compromiso, no debería empezar por lo cosmético de las gelatinas y mazamorras sino por ponerle negrita a lo sustantivo: el crédito hipotecario familiar que niega a ciertas parejas o grupos.



La moda ya llegó al Perú. El Grupo Alicorp, filial del Grupo Romero, ha decidido desaparecer la marca Negrita de su oferta al público. Negrita abarcaba mazamorras, maicena, chuño, gelatina y otros productos alimenticios cuya figura propagandística era una negra guapachosa con un turbante en la cabeza. La expectoración de Negrita se debe, según sus perpetradores, a que consolida estereotipos negativos que se quieren cambiar por un compromiso por la diversidad.

No vamos a discutir aquí si esta medida es parte de una ideologización autoritaria de la cultura, bajo el disfraz de un ecumenismo que no es tal. Lo que sí vamos a decir es que la medida es falsaria porque es simplemente cosmética. En otras palabras: hipócrita. El Grupo Romero tiene diversas ramas de negocios, uno de los principales el bancario presidido por Credicorp y el Banco de Crédito. Es en esta rama de los negocios del grupo Romero donde no existe ningún compromiso con la diversidad que se supone es el compromiso del Grupo con productos como Negrita. ¿Cómo así? A continuación, un ejemplo:

Cosméticamente, en el BCP existe un producto de crédito hipotecario llamado “Crédito compartido” dirigido a un grupo de personas que no tienen un vínculo familiar y que, en teoría, serían evaluados precisamente en conjunto (como ocurre, DE VERDAD, en el caso de Scotiabank y su Crédito Hipotecario Familiar e Interbank con su Crédito Mancomunado). Pero digo que en el caso del BCP este producto vendría a ser COSMÉTICO porque, atención, el BCP evalúa DE MANERA INDEPENDIENTE a cada integrante del grupo que busca unir patrimonios para adquirir un bien inmueble. ¿Y cuál es perjuicio? Que así aumenta la tasa de interés, entre otros conceptos, y en consecuencia el monto de la cuota mensual también aumenta hasta en un 30% frente a las entidades bancarias de la competencia, pues para efectos financieros del BCP cada comprador de este grupo estaría asumiendo individualmente el riesgo del total del inmueble.

Al parecer, para los moldes culturales del BCP sí es válido discriminar a quienes no siendo parientes de sangre quieren adquirir un inmueble uniendo sus patrimonios, con un obvio perjuicio. Por supuesto que aquí nada tiene que ver las orientaciones sexuales de los involucrados, que son intrascendentes.

Ya hace unos años, la legisladora Martha Chávez propuso la aprobación de la Unión Solidaria como un proyecto que normara este tipo de situaciones, y que promovía una verdadera inclusión sin distinción de inclinaciones sexuales.

Si el Grupo Romero quiere en realidad contribuir a la diversidad cultural haciendo de esta un compromiso, no debería empezar por lo cosmético de las gelatinas y las mazamorras, sino ponerle negrita a lo sustantivo. Solo así podremos creer que hay un cambio positivo de mentalidad, y no una moda huachafa y sin sentido.

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