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El Tribunal tiene la palabra

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Medios de comunicación parametrados y ONG dan por descontado casi subliminalmente que el Parlamento es un Titanic ya hundido; para ellos, al final de cuentas, el golpe del 30 de setiembre no fue otra cosa más que un simplísimo "quítate tú para ponerme yo". 



Afirman que el golpe, propinado con el acordonamiento policial al Congreso de la República y el cachiporrazo impulsivo de Vizcarra, a la joven y hermosa democracia peruana ya no se puede revertir. ¡Es un hecho ya consumado!, alegan una vez tras otra los medios parametrados del socio de Odebrecht, José Graña Miró Quesada. Las ONG como el IDL juran con frenesí que no fue un golpe, como anteriormente apalabraron que desconocían las coimas del Gasoducto del Sur. Y en Proética, más prudentes ellos, dicen que si lo fue o no, ya pasó: quieren borrón y cuenta nueva.

Así de fácil van dando por descontado –casi subliminalmente– que el Parlamento es un Titanic ya hundido y sin sobrevivientes; para ellos, al final de cuentas, el golpe del 30 de setiembre no fue otra cosa más que un simplísimo “quítate tú para ponerme yo”.

Sin embargo, los golpistas en su conjunto aún no registran que la disolución ilegal de nuestra democracia en plena era de la globalización es en sí un gran retraso para el país, una afrenta a la imagen internacional del Perú que afecta la economía y un precedente inaceptable para todas las democracias modernas del mundo, que rechazarán esta lógica temeraria de disolver un Congreso opositor o fiscalizador. A ningún congreso en el mundo se le juzga como monedita de oro, y peor aún si Vizcarra mira al Perú con el atraso de un curaca provinciano mientras los peruanos anhelamos el primer mundo.

El sentido común indica que en el tema constitucional debemos oír a los expertos del Perú y de la Comisión de Venecia junto al TC, y no a los conspiradores. ¡Menos oír las groserías del ministro de la baja policía que reflejan a un embustero, un patán o un tonto de capirote! No en balde este golpe político trae de la mano que en el mundo digan que vamos para atrás, y que estamos ya entre los 50 países más corruptos del planeta.

Contra todo, son cada vez más los peruanos y extranjeros que se manifiestan abiertamente en contra de la disolución dictatorial del Congreso, oponiéndose a quien hoy lo gobierna todo: el Ejecutivo, el Congreso por decretos y que también preside la reforma judicial: una satrapía de pe a pa. Un ejemplo es el caso del tribuno Ortiz de Zevallos, propuesto por Acción Popular y apoyado por 87 congresistas. ¿Como nadie en el Perú merece nuestra confianza vamos a dejar que de manera kafkiana se rechace su juramentación? ¿Acaso también se utiliza como excusa para cerrar el Congreso?

Un Ernesto Blume Fortini sensato y calmo que defienda la bandera del TC bien podría convertirse en un patriota de los de antaño, de aquellos que serán recordados por generaciones. Difícil pero no imposible. Más una cosa debe estar clara para todos: el contrato social se respeta y el Legislativo se elige cada cinco años. Esas son las reglas del juego.

Imagen original: Correo

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