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El sartrecillo imprudente 

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El Nobel invitó a disertar en España a Vela Barba, sabiendo lo que pasa en Brasil y cómo se está desmoronando todo ese tinglado que hizo abuso del derecho y de la justicia.



El último 24 de junio se realizó en Madrid el Foro Atlántico “Iberoamérica de cara al futuro”, organizado por la Fundación Internacional para la Libertad que preside Mario Vargas Llosa. En este evento expuso, como invitado central, el coordinador especial para el Caso Lava Jato, fiscal Rafael Vela Barba.

Mario Vargas Llosa abrió y cerró el cónclave, y Vela fue –obviamente– invitado por él. Vela expone ante este foro en el contexto de que en el Brasil se viene develando una trama conspirativa documentada entre la fiscalía (Deltan Dallagnoll) del que fuera el caso Lava Jato (correspondiente a lo que Vela es, y hace hoy en el Perú) y el juez Moro, hoy ministro de justicia de Jair Bolsonaro, contra varios implicados, entre ellos Luiz Ignazio Lula Da Silva al que este contubernio sacó de la carrera electoral. Lo último revelado por la web Intercept Brasil han sido unos chats en los que la fiscalía y el juez se confabulan para que la Corte Suprema no le arrebate uno de los casos a Moro. Esto, por supuesto, para cualquiera que no sea un fanático o un cínico rompe por completo con el estado de derecho y el debido proceso en cualquier parte del mundo civilizado, además de constituir una ofensa a la justicia misma porque el que acusa y el que dirime no pueden estar en el mismo bando, así como el que defiende y el que dirime, tampoco. Y eso es lo que ha pasado en Brasil.

En el Perú unas pocas voces se han alzado para denunciar lo mismo con respecto al modo de operar de los fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez, así como del juez Richard Concepción Carhuancho (por poner a los más importantes). Se trata del sistema Lawfare, que consiste en corromper la ley en nombre del “bien”, es decir, hacer tabula rasa del derecho más elemental a través de excepciones (que se aplican a los enemigos políticos), desnaturalizando la esencia de la justicia al amparo de una parodia de legalidad, en la que jueces y fiscales no se distinguen unos de otros y conspiran contra los investigados o acusados. Y todo esto es posible solo si se copan las instituciones con el apoyo político y de la prensa, como sucedió en Brasil y como sucede en el Perú.

En simple: el fin justifica los medios. Aquí, sin embargo –a diferencia del Brasil–, no hay evidencia de chats como los que han puesto en tela de juicio este contubernio vil, aunque Vela Barba no está haciendo sino copiar los mismos métodos que Dallagnoll con Moro.

Mario Vargas Llosa escribió hace un tiempo que el “Perú tiene la sensación de que por primera vez en nuestra historia republicana hay una campaña “eficaz y valiente” de jueces y fiscales para sancionar a los mandatarios y funcionarios deshonestos”. Pero eso fue antes de que en Brasil se hicieran públicos los mencionados chats que pusieron de manifiesto esa parodia de justicia que se viene imitando aquí. De ahí que invitar al coordinador especial del equipo Lava Jato en Perú al foro que auspicia la Fundación Internacional para la Libertad, que él preside, es, por decir lo menos, imprudente (salvo que la libertad signifique aquí la libertad para hacer trizas el Estado de derecho, el debido proceso y la esencia misma de la justicia).

En otras palabras, el Nobel invitó a Vela Barba sabiendo lo que pasa en Brasil y cómo se está desmoronando todo ese tinglado que hizo abuso del derecho y de la justicia.

En varios de sus ensayos, Vargas Llosa –otrora ferviente admirador de Jean Paul Sartre– manifestaba que su pensamiento había envejecido mal y que hoy, visto en perspectiva, resulta inconcebible que el brillante filósofo y escritor francés apoyara militantemente causas tan abyectas como el estalinismo, poniendo su genio al servicio del mal, justificándolo con su nombre y con su monumental retórica. Dice Vargas Llosa que Sartre hacía esto a sabiendas de que no pocas voces habían advertido de las miserias de esta tiranía y que esto lo terminó alejando de Sartre. No tanto, parece. MVLL se está mirando en su espejo avalando métodos y personajes sobre los que también se advierten perfiles que son contrarios a los principios de las sociedades civilizadas, en la que los enemigos políticos (y los ciudadanos de a pie) no pueden ser encarcelados con una ley torcida por las triquiñuelas concebidas como “excepciones”.

Mañana, el Nobel no podrá decir que no sabía (como con Toledo, Humala y PPK). Y solo el tiempo dirá si, siguiendo su propia conclusión –como con Sartre–, sus obras terminen envejeciendo mal.

Fotos: Casa América

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