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El Perú en los tiempos de coronavirus

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Será mejor que el nuevo ministro de Salud deje lo político y el blindaje al mandatario; que nos diga si requerimos mascarillas. ¿Cuáles? ¿Dónde se compran? Que informe sobre el número de infectados, con realismo.



El coronavirus cambió la historia del planeta. Siglos atrás hubo plagas mortíferas, pero lo que vivimos hoy es inédito y en tiempo real, desde la China hasta la Cochinchina. Todos estamos en lo mismo. La ciencia médica, que en los últimos sesenta años ha tenido un desarrollo exponencial, no conjura el COVID-19. Pudo clonar el genoma del virus y –en el horizonte más optimista– tendremos un vacuna en seis meses. Luces y sombras de la medicina.

La economía se ha ido al tacho. Por primera vez estamos acuartelados en nuestras casas sin trabajar, causando un descalabro continental. No hay producción. Las bolsas se desploman, los mercados aúllan. Si la ‘quincentena’ deviene en ‘treintena’ el pronóstico es reservado. La tan mentada distancia social previene de la proliferación del virus y desploma la economía. ¿Qué es peor? Juzgue usted.

En las emociones y en el inconsciente de todos, niños y adultos, el coronavirus será un antes y un después. Nada será igual. No sabemos cómo terminaremos. Pero estamos comunicados entre la China y la Cochinchina, podemos compartir pesares, angustias, miedos. Por supuesto, también humor. Hay chistes buenos, sonsos, inútiles. Informaciones científicas atinadas, pseudocientíficas, absurdas, etc. La Internet se utiliza irresponsablemente. Vendrán películas, novelas. Lo procesaremos.

El régimen de Martín Vizcarra decretó la ‘quincentena’. Conveniente, es sensato, aunque los ‘juergueros’ demoraron en aceptarlo. Se implantó el toque de queda y ahí comienza la utilización política del drama humano. Se le llamó “inmovilización social obligatoria”. Tenemos múltiples ‘tuits’ con el mismo texto alabando al mandatario.

Sin embargo, a todos nos llamó la atención el obligatorio silencio de la exministra de Salud, Elizabeth Hinostroza. Vizcarra se ‘comía’ el micro, repartía las preguntas entre sus ministros, con un excesivo protagonismo suyo y del ministro del Interior.

Sacó a Hinostroza, declarando que se vio obligado a buscar “un profesional con más expertise”. Lo cierto es que le cargaron los tres muertos por el coronavirus. Habló poco, pero tuvo que dar el pésame a las familias y Vizcarra protegió su popularidad. ¿Por qué no la cambió antes? No se cambia de caballo a mitad del río.

El sucesor, Víctor Zamora, es por sus expresiones libres en Twitter un odiador, algunos dicen ‘caviar’. Hablar del neoliberalismo y del COVID-19 no lo prestigia. Los médicos respetan al ser humano. Zamora no parece haber tenido consultorio, sí consultorías internacionales.

Será mejor que deje lo político y el blindaje al mandatario. Que nos diga: ¿requerimos mascarillas? ¿Cuáles? ¿Dónde se compran? Que informe sobre el número de infectados y la progresión de esta pandemia. Que sea transparente e informe con realismo. Que no use el hígado y no cierre su ‘Twitter’. Lo dicho, dicho está. Igual se sabrá. Actúe a la altura, recuerde a Hipócrates y sea un médico cabal.

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