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El “pensamiento mágico” de la paridad y alternancia

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En el Perú, un sector importante de mujeres que hace política se han animado a hacerla, por comodidad e interés, fuera de los partidos políticos: en un set de televisión, una columna de opinión, redes sociales o, las más afortunadas, desde las ONG. No rinden cuentas a nadie y evaden cualquier responsabilidad política.



Es muy gracioso lo que escribe el politólogo Alberto Vergara para The New York Times: “El rechazo a la ciencia y a la razón y las circunstancias que han generado algunos presidentes del continente, de Jair Bolsonaro a Donald Trump, deben ser tomados en serio. La pandemia nos ha permitido ver las consecuencias oscuras que destilan esas posturas políticas”. Podríamos invertir el argumento y decir que lo que Vergara llama en su título “pensamiento mágico” también es, por citar un caso, aquel que comulga con la identidad de género en el que un hombre se cree mujer o una mujer hombre en un claro rechazo a la “ciencia y la razón”. Y no se ha necesitado pandemia alguna para ver las “consecuencias que destilan esas posturas políticas”.

Eso pasa también con el reciente predictamen de la Comisión de Constitución, en el que se aprobó la paridad y alternancia de género. El objetivo es incorporar a las mujeres a la vida partidaria y política con una cuota que corresponda al 50% en igualdad a la de los hombres, intercalándolos en las listas electorales. Y se supone que esto no ha sucedido antes porque el “patriarcado” lo ha impedido, relegando a la mujer a la última rueda del coche. Pero ello es falso.

Keiko Fujimori ha estado dos veces a punto de ganar una elección presidencial convertida en la líder de un partido cuyo movimiento fue fundado por su padre, y las mujeres han tenido una historia predominante en la historia del fujimorismo. Por su parte, Lourdes Flores ha encabezado el PPC y postulado tres veces, y Susana Villarán fue alcaldesa de Lima por la izquierda caviar.

Ha habido en todas las tiendas mujeres que se han dedicado al quehacer político, pero no lo suficiente como para hacer realidad la paridad en la participación política-partidaria. ¿Por qué? En el Perú al menos, se debería a que un sector importante de féminas se ha animado a hacer política precisamente fuera de los partidos políticos:  ya sea por comodidad e interés, prefieren el “activismo” en un set de televisión, una columna de opinión, una tribuna de Twitter, Facebook, Instagram o, las más afortunadas, desde las ONG que rinden pingües sueldos a la hora de hacer un trabajo que para la mayoría de gente debería ser “gratis”. La comodidad para hombres y mujeres activistas es evidente: nunca rinden cuenta a nadie y se desligan de cualquier responsabilidad política, haciéndola con descaro.

Tal es la razón por la que la paridad y alternancia no promoverán más participación de la mujer en la política partidaria; por el contrario, con ella los partidos tendrán serias dificultades en encontrar cuadros femeninos que les interese una vida tan sacrificada y llena de amarguras como la partidaria, sobre todo en el Perú donde la política le es indiferente a una inmensa mayoría de los peruanos, según las encuestas. En el “pensamiento mágico” del señor Vergara, sin embargo, la realidad cambiaría por un decreto que, para todos los efectos, fungiría de “varita mágica” como en los cuentos de hadas.

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