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El origen del mal

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La reelección de Nicolás Maduro fue, sin lugar a dudas, el origen de una dictadura siniestra y de una cruenta represión.



El bloque del Socialismo del Siglo XXI, extravagante modelo político creado por el exmandatario venezolano Hugo Chávez, tiene dos puntos distintivos: una política represiva contra la oposición y la reelección de sus mandatarios, previa reforma constitucional, además del control del órgano electoral, utilización de fondos públicos en campañas y empleo de las Fuerzas Armadas como guardia pretoriana.

El padre del antidemocrático sistema fue Chávez, que asumió la primera magistratura para cubrir el periodo comprendido entre febrero de 1999 a febrero del 2004, de acuerdo con el artículo 135 de la Carta Fundamental de 1961. Sin embargo, los tiempos fueron alterados en diciembre de 1999 a través de una Asamblea Constituyente, que amplió el periodo presidencial de cinco a seis años y habilitó una reelección inmediata. Al amparo de ese cambio, el año 2000 se realizaron nuevos comicios y Chávez continuó en la presidencia del 2001 al 2007 y otra vez del 2007 al 2013.

En el intermedio, el 2009, un referéndum consagró la reelección indefinida, pero Chávez no pudo beneficiarse de esta maniobra porque falleció el 5 de marzo del 2013. Su vicepresidente, Nicolás Maduro, siguió el derrotero de la ilegalidad al asumir provisionalmente la jefatura del Estado, a pesar de que no podía hacerlo porque el artículo 233 de la propia Constitución Bolivariana establecía que a quien correspondía sucederlo era al presidente de la Asamblea Nacional. Para vulnerar esa norma la cúpula chavista obtuvo el informe favorable del desprestigiado Tribunal Supremo de Justicia, una institución al servicio incondicional del régimen y responsable de amparar violaciones a los derechos humanos, de proteger encarcelamientos, torturas y asesinatos de opositores, delitos de lesa humanidad por los cuales han sido denunciados por seis países –entre ellos el Perú– ante la Corte Penal Internacional.

Habilitado por ese Tribunal, Maduro fue elegido para el periodo 2013-2019. Su “triunfo” fue el resultado de un grotesco fraude electoral, repudiado por la comunidad internacional y numerosos países que no lo reconocen. La reelección fue, sin lugar a dudas, el origen de una dictadura siniestra y corrupta –que ha provocado una hecatombe humanitaria en Venezuela empujando al exilio a millones de sus compatriotas– y de una cruenta represión con un elevado número de víctimas civiles.

Este “modelo”, sin embargo, ha sido puesto en marcha en Nicaragua, Bolivia y Ecuador, ante el silencio o la indiferencia de la mayoría de naciones y de los organismos internacionales que no califican ese sistema reeleccionista como un golpe de Estado a la democracia.

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