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El milagro

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El padre Ugo Censi será recordado como un sacerdote de obra prodigiosa que, sin duda, hoy camina hacia la luz diáfana de la santidad.



Cuando la ONG Mato Grosso (institución creada y dirigida por el padre salesiano Ugo de Censi) estaba por entregar veintitrés magníficas casas a un grupo de damnificados del terremoto en Chincha, recibí una llamada de mi esposa Marilú. Ella se encontraba apoyando nuestro trabajo social a través del Instituto Mundo Libr, una organización humanitaria que atiende a niños y niñas de la calle.

–Han excluido a la señora del vertedero municipal–. me dijo, entre triste y angustiada.

Se refería a la sorpresiva exclusión del programa de una familia extremadamente pobre, que en ese momento habitaba en una covacha hecha de cartones y harapos, con piso de barro, sin agua ni luz, ubicada en el basurero municipal de Chincha. Sobrevivían allí en condiciones insalubres con una hija con trastornos mentales y su niño producto de una violación.

Por esa dramática situación habían sido seleccionados, pero hasta ahora desconocemos por qué el Obispado de Ica los retiró de la relación de beneficiarios. La ingrata noticia desconcertó y afectó sensiblemente a peruanos e italianos comprometidos en el proyecto, más aún porque semanas atrás habíamos visitado la obra en construcción con la familia seleccionada acompañados de monseñor Luis Bambarén, obispo emérito de Chimbote.

¿Qué hacer? ¿Cómo explicar ese inesperado y doloroso percance que, de concretarse, haría añicos los sueños e ilusiones de esa humilde familia ahora marginada? Acordamos recurrir al padre Ugo, seguros de que con su sabiduría y capacidad ejecutiva podría reparar el error. Así lo hicimos y al poco tiempo su institución, Mato Grosso, nos comunicó  que entregarían una residencia adicional. Fue una noticia feliz. Un soplo de alegría, un viento refrescante que desde la lejana serranía de Ancash nos trasmitía el religioso. O, porqué no, un milagro de muchos que hizo el padre Ugo a lo largo de una vida intensa dedicada a servir a los más necesitados.

A Censi lo conocí a través del congresista Freddy Otárola, cuando ejercía la presidencia del Congreso en los difíciles momentos que sucedieron al sismo de agosto del 2006. Era alto, delgado de contextura, muy blanco, parco al hablar, con una sonrisa agradable, vestido con atuendos sencillos y su característico gorro de lana en la cabeza. Después de una amplía conversación suscribimos un convenio interinstitucional y lo acompañamos a recorrer las zonas siniestradas en Chincha y Pisco. En ese momento tenía 84 años, pero su vitalidad lo hacía caminar ágilmente por los calurosos arenales iqueños.

Luego compartimos un almuerzo con sus brigadas de colaboradores italianos y nacionales. Era un campamento sencillo, donde residían jóvenes voluntarios a cargo de la obra. Con ellos, el padre Ugo oraba y cantaba con una desbordante alegría que solo podía trasmitir un corazón noble.

Más adelante –en noviembre del 2006– fue un privilegio condecorarlo con la Medalla de Honor del Congreso de la República en el más alto grado, la Gran Cruz.

Ya en 2004 había sido un honor que este piadoso sacerdote decidiera naturalizarse peruano. Llegó a la comunidad ancashina de Chacas en 1976, a los 52 años de edad, y al poco tiempo se convirtió en una leyenda por su fortaleza moral y enorme capacidad ejecutiva que transformó la vida de ese pequeño pueblo. Fundado en 1572, Chacas está ubicado en la vertiente oriental de la Cordillera Blanca, con rangos de altitud que oscilan entre los 2800 metros hasta 6173 en el nevado de Copa.

Su obra fue enorme. Reconstruyó santuarios, iglesias y la catedral de Nuevo Chimbote. Edificó un moderno hospital, magníficamente equipado. Creó talleres de artesanos y carpinteros para restaurar los hermosos tallados coloniales de los templos, realizando trabajos artísticos para exportarlos a Estados Unidos y Europa. Y para quienes no tenían cabida en los talleres, estableció el llamado Oratorio de Los Andes, que acoge a 15 mil menores.

También fundó seminarios y colegios que se expandieron a los departamentos del Cuzco, Apurímac, Cajamarca y Lima, además edificó un centro para atender y rehabilitar a niños de la calle y huérfanos: la Casa de Pirañitas de Tangay. Y, como su energía creativa no tenía límites, construyó dos plantas hidroeléctricas –en Coyo y Jambón– para proporcionar luz a cinco mil familias. Creó varios refugios de alta montaña para los escaladores y movilizó a la comunidad para plantar un millón de plantas y reforestar 1500 hectáreas.

Su fundación, Mato Grosso, ahora cuenta con más de 100 casas y 500 misioneros que sirven en Ecuador, Bolivia, Brasil y Perú.

Gracias a lo anterior el padre Ugo Censi –recientemente fallecido a los 95 años de edad–  será recordado como un sacerdote de obra prodigiosa que, sin duda, hoy amina hacia la luz diáfana de la santidad. No solo hizo milagros en vida sino que, estamos seguros, también los seguirá haciendo ahora que acompaña a Dios.

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