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El miedo se acabó

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Es en este contexto que el fiscal supremo Víctor Rodríguez Monteza decide con valentía pronunciarse a favor de la libertad de Keiko Fujimori, ante la histeria de los fiscales Lava Jato y de los periodistas de métodos mafiosos. 



¿Sabe usted quién es el juez Aldo Figueroa? Es el magistrado que debía resolver la casación de Keiko Fujimori que se ventila hoy en la Corte Suprema. Luego de una feroz campaña en su contra por parte de los medios de comunicación adictos a la publicidad estatal del gobierno de Martín Vizcarra y enemigos jurados de Keiko Fujimori, acusándolo de tener “amistad” con César Hinostroza y de estar vinculado a la novela de ‘Los cuellos blancos del puerto’, el juez decidió inhibirse de ver la casación. ¿ Y sabe usted qué pasó después de la inhibición del juez? Pues desapareció de los periódicos, radio, redes sociales y TV de cable y señal abierta, y su caso de “interés público” se desvaneció como una pompa de jabón.

Se trataba entonces de una campaña cuya finalidad dejó de tener objeto cuando el juez independiente salió de escena. En resumen: no era amor al chancho sino a los chicharrones. Los medios y los fiscales del Equipo Especial Lava Jato buscaban poner un juez a su medida o, al menos, dejar claro que cualquiera que fallara a favor de la señora Fujimori sufriría la suerte de Aldo Figueroa. Si, por el contrario, cualquiera que fuese el nuevo juez fallase en contra de Keiko Fujimori entonces lo dejarían en paz, como dejaron en paz al juez Aldo Figueroa una vez que este se apartó del caso. Chantaje puro y simple al mejor estilo de la mafia.

Con este exitoso precedente, esa misma argolla pretendió descalificar al fiscal supremo Víctor Rodríguez Monteza, encargado de representar al Ministerio Público en la casación de Fujimori. El guión fue el mismo que con el juez Aldo Figueroa. Es más: también se la emprendieron contra su posible reemplazante y adjunto, vinculándolo a otra a la “red criminal”, esta vez “Los Malditos de Angamos”.

La estratagema era clara. Deshacerse de estos dos fiscales hasta encontrar uno a su medida, lo mismo que el juez. Ya se había propuesto nada menos que a Pablo Sánchez de acusador de Keiko Fujimori, y valido de Vela y Pérez en la casación. Pero los últimos acontecimientos lo dejaron con los crespos hechos, a él y a la argolla de periodistas y fiscales de métodos mafiosos.

Primero sucedió que en Brasil se descubrió que el paradigma utilizado aquí para combatir las acciones corruptas de Odebrecht no tenía por objeto la justicia sino torcer el derecho para meter preso a enemigos políticos e ideológicos, en lo que juez y equipo de fiscales jugaban para un solo lado. Luego sucedió que un trío de periodistas ecuatorianos menores de 30 años y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación con sede en Washington D. C. descubrieron al mundo que Odebrecht había mentido descaradamente al negar haber cometido delitos y pagado coimas en varias obras públicas latinoamericanas, entre ellas el Gasoducto Sur Peruano que quedó fuera del acuerdo de colaboración eficaz con la empresa.

Y todo esto fue revelado a pocos días de haber sido homologado el acuerdo por una jueza, y trajo consigo la confesión del fiscal Vela de que esa información ya la tenían desde hacía tres meses. En síntesis, o Vela la ocultó a la jueza o la jueza y Vela actuaron contra los intereses del Estado.

Es en este contexto que el fiscal supremo Víctor Rodríguez Monteza decide con valentía pronunciarse a favor de la libertad de Keiko Fujimori, ante la histeria de los fiscales Lava Jato y los periodistas de métodos mafiosos. No hay ninguna razón jurídica para que la señora Fujimori siga un día más en la cárcel, y esa es la injusticia que ha visto el fiscal supremo Rodríguez Monteza. El fiscal supremo no es un apéndice de Vela y Pérez, ni tiene por qué prestarse ni comulgar con sus absurdos e insensateces. La campaña mediática de última hora de un nuevo capítulo del chat La Botika –pretendiendo que es la prueba de una interferencia en otras esferas del Estado– se ha licuado en el aburrimiento de los refritos y de los triunfos de la Selección Peruana, ahora clasificada a la final de la Copa América.

Esperemos que el juez haga justicia en estricto derecho, que no se deje intimidar por métodos mafiosos y que la señora Fujimori enfrente cualquier proceso en libertad, como debe hacerlo cualquier ciudadano amparado en el precepto constitucional de la presunción de inocencia.

ACTUALIZACIÓN: El miedo continúa. Luego de que IDL Reporteros difundiese un audio de una conversación sin contenido delictivo entre el juez supremo Jorge Castañeda y el exvocal supremo César Hinostroza, el mencionado magistrado se inhibió. Por tal motivo, la audiencia sobre casación de Keiko Fujimori se postergó.

Foto: Andina

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