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¿El lobo, el lobo? Mejor pensar dos veces

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Ya una vez el grito de "¡fraude!" nos costó muy caro.



Acompáñeme al siglo pasado: es 1931, nos hemos librado de Leguía en agosto de 1930 y a fines de febrero del 1931 también nos libramos del propio Sánchez Cerro, quien pretendía participar en las elecciones sin dejar de ser presidente.

Con ese instrumento, Leguía se había quedado 11 años y apenas medio año después de haberlo sacado, el Mocho pretendía hacer la misma maniobra y postular desde el poder.

Fueron luminarias las que bajo el auspicio de David Samanez Ocampo y la Junta Nacional, compusieron  el primer estatuto electoral. Recibieron el encargo en abril y lo entregaron en mayo. Por primera vez en la historia era el Jurado Electoral el que proclamaba al presidente y no el Senado. Y a comienzos de octubre se realizaron las primeras elecciones modernas.

Al oficializarse el cómputo, Haya y el aprismo clamaron fraude y sucesos posteriores, derivados de la errada convicción de fraude, nos condujeron a un abismo de desencuentro que nos robó el siglo XX.

Ahora bien, ¿realmente hubo fraude en 1931? Nunca se pudo probar. En los setenta, durante los trabajos de una construcción apareció un buen número de ánforas que habían sido enterradas. Se pensó que era le evidencia del fraude, pero al abrirlas y computar los votos había una abultada ventaja a favor de Sánchez Cerro.

Casi cien años después y con algo de calma es razonable aceptar que no hubo fraude y que Sánchez Cerro ganó. Se habrán dado cuenta de la rapidez de los plazos: Haya de la Torre llevaba ocho años fuera el Perú y al comienzo no lo conocía nadie mientras que el otro venía de ser presidente y tras tumbar a Leguía su nombre estaba en boca de todos.

No había tele; la radio casi ni se usó. Todo fue trocha, plazuela y manifestación. Haya llegó al Perú al final de agosto de 1931. Cuesta creer que en seis semanas haya sido posible recorrer todo el Perú que no lo conocía y superar al otro. Dejemos la pasión de los siglos.

Ver a Julio Guzmán usar la bandera como coqueto chal y clamar fraude es otra cosa. El supuesto fraude de 1931 fue una tragedia. El supuesto fraude del 2016 va de farsa. Solo falta que Guzmán se proclame presidente moral del Perú… para haber vivido un siglo en vano.

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