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Opinión

El lado B de Pedro Suárez-Vértiz

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Lo que raramente algún articulista ha fraseado en contra de la delincuencia fue dicho (precisamente con musical claridad y sin maquillajes) por el cantante.



Lo que raramente algún articulista ha fraseado en contra de la delincuencia fue dicho –precisamente con musical claridad y sin maquillajes– por el cantante Pedro Suárez-Vértiz, ante el asalto a mano armada registrado recientemente en pleno túnel de la Vía Expresa de la Línea Amarilla. Ya harto de tantos asaltos violentos, o de las leyes que protegen a los matones y violadores pero exponen a policías y a honestos ciudadanos quienes solo sueñan con disfrutar de un día al aire libre sin asaltos en la capital, dijo: “Creo sinceramente que voy a ser delincuente. El sistema peruano me apoya”.

Ante esta desbordante ironía que es una crítica contra la inseguridad que acecha nuestra cotidianidad, uno se pregunta si acaso el presidente Vizcarra y el ministro Morán –con sus inacciones ejecutivas o sus burlas institucionales al Congreso– no incentivan más violencia y mayor delincuencia en el país. O si quizás los viajeros fiscales no nos condujeron a otro túnel desprotegido firmando un acuerdo vergonzoso con Odebrecht, disque “para conocer toda la verdad”.

¿Es que no pensaron que sus inusitadas generosidades por millones para con los miserables corruptos del Brasil, transmiten un mensaje errado al ciudadano honesto, pues infiere que el crimen organizado pagará bien sus trampas? Es decir, el sistema peruano te apoya a delinquir, tal cual afirma Suárez-Vertiz. ¿O la simulación que hicieron estos mismos fiscales con Samir Atala, que resultó siendo un culebrón turco y al que –sigue sin entenderse por qué– a estas alturas todavía no le reclaman los millones del botín que gasta y disfruta en el exclusivo barrio de San Isidro. Otra vez el mensaje que queda aquí es: “Roba, peruano; el sistema te ampara.

Pues lo que no sirve de advertencia terminará actuando como motivación, y ya es paradójicamente vox populi que la delincuencia no es precisamente el peor de los pecados en el país. Tampoco hay en quién creer pues hoy resulta como en el tango de Discepolín, que es lo mismo ser fiscal que traidor, pericote, choro, corrupto o estafador. Hasta el novísimo joven alcalde de la Victoria, todo un súper star para la encuestadora Ipsos, creyó que con usar la gorrita militar sería –fijo, ya– el nuevo presidente. Ahora sabemos por testimonio de su esposa que recién casado le faltaba el respeto.

Qué desprecio a tanta juventud y que burla a la moral, que hasta los más jóvenes vean al Estado como un show o un botín. De hecho estos serán la clase de políticos que, una vez en el poder, en vez de encarnar a la patria más bien terminarán orinando sobre ella. ¡Tal cual!

Al punto. Semanas atrás, Pedro Suárez-Vértiz mostró su gran sensibilidad reclamando: “Dos expresidentes al filo de la vida. Me duele mi país. Mi deber es orar por derecho a defenderse de Alan García y de Pedro Pablo Kuczynski. Derecho, valgan verdades, que nunca recibieron. Desde aquí le agradezco por ello y por esta nueva lección de valor. Nada menos sincero que antes hice con su música, disfrutándola al lado de Mariló.

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