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El juicio del ausente

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El papa Esteban VI sentía tal resentimiento contra su predecesor Formoso que hizo desenterrar su cadáver, y lo juzgó por usurpación del cargo y perjurio. Al muerto lo vistieron como a un rey y lo sentaron en una silla lujosa; luego le cortaron los tres dedos con los que repartía la bendición.



Se asegura que el papa Esteban VI sentía tal resentimiento contra su predecesor Formoso que hizo desenterrar su cadáver, y lo juzgó por usurpación del cargo y perjurio en la plaza romana de San Juan de Letrán. Al muerto lo vistieron como a un rey y lo sentaron en una silla lujosa para juzgarlo delante del pueblo. Con el pueblo presente, cortaron de Formoso los tres dedos con los cuales repartía la bendición, se declararon nulos sus edictos papales y se deslegitimizó su obra cristiana. Quedaba claro tras el llamado “sínodo cadavérico” del papa Formoso que el odio difícilmente se termina aun estando muerto, mucho menos cuando se trata de personajes que tuvieron gran importancia en vida.

Usando una invención parecida, las primeras planas del diario El Comercio de los Miró Quesada han revivido con asqueroso morbo las fotos del que fuera presidente constitucional Alan García Pérez. Ha sido un salivazo repugnante con página editorial incluida del Decano de la cochinería. Pero, ¿cómo explicar que el salvajismo y la ignorancia de hace 1200 años sea hoy tan real y esté presente en el Perú del siglo XXI? ¿No hay acaso leyes que defiendan al ciudadano, presunción de inocencia, necesidad de mostrar evidencias y pruebas fehacientes? Pues no. En este Perú una misma ley no rige igual para todos y los fiscales del Lava Jato actúan como salvajes.

Sin las evidencias mínimas, van pescando acusaciones improvisadas, cambian de libreto al paso hasta en lo más elemental –como también hicieron contra Keiko Fujimori– y afirman al público hechos no corroborados. Incluso hechos contradictorios a lo dicho por Jorge Simoes Barata, quien afirmó que jamás pagó coima alguna a García y que este jamás les pidió dinero. Por ello la gran frustración del IDL, incapaz de darle a su público caviar y comunista pruebas inequívocas. Tras invertir miles de horas-hombre tampoco encontraron ningún pago oculto en los sistemas My Web Day y Drousys que identifiquen a rajatabla al inmolado presidente. Ese es su gran fracaso.

Y no sorprende que este nuevo psicosocial se dé encontrándonos a un corto paso de las nuevas elecciones congresales impuestas por Vizcarra. Crece en ellos el temor de que la imagen de un Alan García inmolado sea testimonio efectivo de que no se vendió ni al Brasil ni a Venezuela, ni a Soros. El Perú creció entonces al 7% u 8%, y la anemia bajó muchísimo. Los peruanos estaban chochos.

No hay comparación de lo anterior con lo hecho por los candidatos de Vargas Llosa, que juraron ser muy honestos y hoy sabemos del dineral que resbalaba la bajada de Armendáriz para Ollanta, así como del inolvidable, “¡dame mi plata, carajo!” de Toledo. Vivimos mucha corrupción disimulada y a un presidente cuya única agenda clara es servir a los caviares para cambiar las leyes. Se arrodilla ante el comunismo –como demostró en Tía María– y permite que Odebrecht nos siga robando a manos llenas en los malditos peajes o en el Gasoducto del Sur, donde Vizcarra tiene terror en aplicar la cláusula anticorrupción.

Por Chaglla, los 525 millones serán pagados sí o sí muy pronto para evitar la furia de Marcelo. ¡Pues, entonces, que los corruptos no se hagan los muy vivos acusando a un muerto!

Foto tomada de www.unmsm.edu.pe

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