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El gran chou

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Aunque su mayor logro haya sido engañarnos a todos, hoy la pareja Humala-Heredia ha perdido toda la credibilidad.



Ollanta Humala inicio su presidencia con estas palabras conmovedoras que parecían presagiarle un mejor destino: “Recibo con humildad y profundo fervor patriótico, el cargo de Presidente de la República”. El discurso inaugural pronunciado el 28 de julio del 2011 ante el Congreso de la república estuvo plagado de promesas hoy incumplidas.

Seis años más tarde, frases como las referidas a “un Estado acechado por la corrupción y el despilfarro, alejado de sus ciudadanos, incapaz de protegerlos de la violencia y la criminalidad […] Para esto necesitamos más Estado, más patria y que la corrupción sea sancionada” nos recuerdan la gran tomadura de pelo que fue ese gobierno. Dos delincuentes en el poder, figuras emblemáticas de la inmoralidad, que usaron y abusaron del país y que lo siguen contaminando con su campaña de victimización y supuesta persecución política. Dos farsantes que han vivido de la credulidad de una sociedad que tuvo la candidez de premiarlos con la más alta investidura del país.

El partido son es ella y su marido. Clarísimo cuando en una entrevista realizada por Augusto Thorndike a mediados de abril último, Humala expresó que hay intenciones de inhabilitarlo para que no pueda ser candidato en las elecciones del 2021 (y de alguna manera terminar de extinguir al Partido Nacionalista) y recalcó que habían hecho el mejor gobierno de los últimos quince o veinte años en el país. El negacionismo es la defensa de los cobardes, pero lo mas penoso es que muchas veces funciona. Es clarísimo cómo reaccionan sistemáticamente contra la realidad y se refugian en el mundo de la mentira, intentando evadir verdades incómodas.

Su mayor logro es el montaje de un “gran show” (la “gran transformación” que afortunadamente nunca se logró). Es habernos engañado a todos los peruanos durante cinco largos años. Habilidades histriónicas en las que parecen estar adquiriendo una maestría, reflejo de ello, la tóxica puesta en escena de un espectáculo únicamente destinado a generar compasión y lástima por la ruptura de la familia perfecta. No hay otra forma de describir los sucesos posteriores a su encarcelamiento preventivo y posterior apelación, orquestados por una efímera campaña en redes y por ciertos medios genuflexos que no titubearon en darles la foto de portada acompañados de su hija mayor.

Durante la audiencia de apelación celebrada el día lunes 31 pasado, Nadine Heredia, intentó apelar a los sentimientos: “Es evidente la enorme presión mediática que existe. Somos el único partido, el más joven (constituido en el 2005) que está siendo tratado como si fuésemos criminales (sic)”. Como si la antigüedad de su partido tuviera alguna relación con las investigaciones o las medidas anticipadas para evitar el peligro de fuga.

Parecería que hubieran intercambiado roles: mientras ella se victimiza y muestra señales de debilidad (la ropa, el pelo, la angustia de su rostro: hoy es apenas una sombra de la mujer fuerte y elegante que manejó este país, a su antojo), Ollanta Humala aparece bien vestido y con actitud firme, solicitando a la Sala que emita una decisión justa y ratificando que se quedaran en el país para afrontar el proceso.

Objetivamente, Ollanta Humala y Nadine Heredia han perdido toda credibilidad. Su palabra no vale nada. Ese es todo el tema. La entrega de sus pasaportes o el ofrecimiento de falsas promesas no es suficiente. Han mentido demasiado durante estos últimos años, han manipulado testimonios y encubierto material probatorio; por lo que la prisión preventiva es la factura que tienen que pagar.

Hay una gran pregunta: ¿por qué no se fueron del país antes de que se les dicte prisión preventiva? Facilísimo refugiarse directamente en Francia donde tiene familia y amigos (incluso MVLL), estos últimos de la época durante la que fue agregado militar en la Embajada peruana en París durante la presidencia de Toledo (incluso recibió honores militares en una ceremonia que le ofrecieron las autoridades francesas durante una visita a Francois Hollande en el 2012). Mi única respuesta es que fue una opción que evaluaron, pero la próxima visita de Emmanuel Macron en el mes de setiembre puede haberles complicado los planes.

Por lo menos en este caso, los villanos no se salieron con la suya.

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