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Opinión

El fin del orgasmo caviar

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Ahora que estos "defensores" de los derechos humanos han quedado al descubierto, toca devolver a su casa a Fujimori para que pase sus últimos años en paz.



En 1993, en el marco de una purga al entonces (y hoy) corruptísimo Poder Judicial, César San Martín fue —quizás erróneamente— excluido del mismo, situación que de por sí ya configuraría una situación de incompatibilidad. En 2009 ,el juez San Martín, en un clarísimo afán de venganza y por encima de lo que los propios fiscales esperaban, impuso la máxima pena de carcelería posible al expresidente Fujimori.

Pero el punto no es ese: después de una desesperada búsqueda de la sinrazón y ante la ausencia de pruebas jurídicamente aceptables en un ambiente dominado por una izquierda a la que Fujimori dejó sin chamba y sin votos (1% el 2016), había que salir con algo que suene bien; algo que “demuestre” que fue él efectivamente el que dio la orden para las dos matanzas. Primero dijeron que AF era el jefe del escuadrón Colina, luego que él había dado la orden y después, ante la ausencia de pruebas, se dijo que el debió haber sabido en su condición de jefe de Estado…

Claro, suena raro que la persona que acabó con la amenaza terrorista en el Perú mediante la estrategia de ganarse a la población haya querido eliminar a metralleta limpia a personas que no eran mandos ni segundos ni terceros, y a la que quería ganársela; en fin, como decimos arriba, existían varias razones por las cuales Fujimori tenía que ser culpable a como dé lugar, no importaba cómo.

La verdad es que esto no fue tan fácil. Acusar sin pruebas requirió de los jueces un esfuerzo máximo de pirueta jurídica digna de una novela de realismo mágico a lo Gabo. Amontonaron hechos sin relación y rasparon aquí y allá entre más de quinientos documentos para construir una culpabilidad hipotética. Al final también lo acusaron por inacción, es decir, por no haber hecho nada para evitar las matanzas.

Entonces, si no sabía nada, ¿cómo evitaba nada? Aún si nos ponemos en el supuesto negado de que Fujimori haya dado la orden directa de disparar a matar; ¿quién puede en su sano juicio pensar que algo así no iba a ser costosísimo políticamente hablando? Fujimori tendría muchos defectos, pero bruto no era. En fin, se trató una sentencia que se puede catalogar de grotesca.

Como el mundo da vueltas y hoy los vientos soplan diferente, sobre todo ahora que los supuestos defensores de los derechos humanos, medio ambiente, inclusión y tolerancia sucumbieron ante el vil dinero de Lava Jato, ha llegado el momento de resarcir como se pueda esta sinrazón y darle al Chino lo que merece: su lugar en la historia como el que salvó a nuestro país de la barbarie y de la insania terrorista.

Hay que devolverlo a su casa para que pase sus últimos años en paz.

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