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El ejemplo de Andahuaylas

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Mientras la capital clama por un liderazgo capaz de convocar al pueblo entero contra la corrupción, a orillas del Chumbao florece un movimiento ignorado.



Por momentos se vuelve irrespirable la atmósfera política de la gran capital, cortesana todavía en pleno siglo XXI. Es una capital que sufre con sinceridad la ausencia de un liderazgo político, con capacidad de convocar a la ciudadanía contra la corrupción. Y también, una capital capaz de ignorar por diez días ya una movilización que se ha vuelto absolutamente masiva y convoca a la ciudadanía en su conjunto precisamente a luchar contra la corrupción.

Claro que  este último acto de civismo masivo se da en Andahuaylas y poco importa. Eso es lo que me indigna, lo que me subleva. ¿Qué ha pasado en Andahuaylas?

Acompáñeme, lector. No se para por pedir obras, se para por luchar contra la corrupción. Se acusa al alcalde por el mal manejo de cien millones de soles de fondos que estaban destinados a confluir con otros recursos y ser licitados por el Ministerio de Vivienda o fondos levantados como préstamo con cargo al canon minero. O sea un faenón mayor.

El primer paro se convocó en noviembre del 2016. Recuerde la fecha. El pueblo andahuaylino no necesitó el estallido del escándalo Odebrecht para movilizarse. Ante el paro en Andahuaylas se presentaron el contralor Alarcón, el ministro de Agricultura y la congresista Yeni Vilcatoma a título de especialista anticorrupción. Y a 30 de noviembre se firmaron convenios. Y al rato llego un equipo de diez expertos de la Contraloría y se instalaron mesas de trabajo. Todos contra la corrupción.

Claro, no habla nadie de la Fiscalía pero el 23 de enero los miembros de Frente Defensa se reunieron con el fiscal de la nación en su despacho y le expusieron toda la corruptela pidiendo se accione contra las autoridades como se ha hecho en otras regiones. El propio contralor se comprometió a involucrar a la Fiscalía.

Meses después, la respuesta del Perú oficial al pueblo de Andahuaylas se puede traducir en nada. Nada en siete idiomas. Nada hasta en runasimi. El rey de España nos hacía más caso.

Así están las cosas. De momento no hay violencia ni latigazos por la calle como en paros campesinos. Tampoco se aprecia la camarilla de políticos o algún grupo violentista al acecho. La cosa va de paro cívico. Pero bastará una chispa.

Y toda lucha tiene sus líderes. Conozca a Milciades Rivas. Quienes lo quieren mal dicen que es un rockero frustrado. Pero Milciades se defiende. “No soy ningún frustrado. Soy músico, hago metal pero metal espiritual. Los frustados son los punks. No somos resentidos”. Vaya deslinde ideológico.

Lo escucho y no hay duda: estamos en pleno siglo XXI y los liderazgos cambian. Solo la frivolidad capitalina permanece inmutable a los siglos.

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