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El derecho a ser informado

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Poderoso caballero es Don Dinero.



Cuando el excongresista Mulder presentó su proyecto para suprimir la publicidad estatal en medios privados lo atacaron sin piedad. Y el principal argumento fue: “Es un atentado contra la libertad de prensa”.

Los medios mermeleros y la caviarada estuvieron en primera fila gritando, pataleando y amenazando porque se estaba recortando “la libertad de informar”. Todos sabemos que, en realidad, solo estaban buscando que no se recorte la publicidad estatal. Y, aprobada la ley, fue el mismísimo Ejecutivo el que la denunció ante el Tribunal Constitucional y este –demostrando una vez más su clarísimo sesgo izquierdista progobiernista– se saltó todo razonamiento político y jurídico para decretar su inconstitucionalidad.

Ahora resulta que ese mismo gobierno recorta la libertad de prensa y se ensucia en el derecho de la población a saber la verdad. Con un cinismo espeluznante, Vizcarra y sus ayayeros profesionales han establecido un sistema de entrevista característico de una dictadura tipo cubana: primero las preguntas eran remitidas vía Whatsapp y se “sorteaban” tres. O sea, sin REPREGUNTAS (la esencia de una entrevista). Y cuando fue cuestionado al respecto, el gobernante tuvo el desparpajo de decir: “Pregunten mañana”.

Humillados, pese a la mermelada la indignación entre la prensa sometida fue general, lo que ocasionó que se cambiara el sistema aunque las repreguntas siguieron ausentes. El dictador sigue despachándose a su gusto: puede informar o decir lo que quiera y nadie le refuta. Nadie le puede cuestionar una cifra o solicitarle su opinión o descargos sobre las graves denuncias de corrupción, colapso de hospitales o de desatención a médicos y personal sanitario por todo el país. Es que la “popularidad” es más importante que miles de vidas perdidas por incapacidad de gestión.

Si la información fuese medianamente creíble o hubiese una verdadera estrategia en cuanto a mejora en los hospitales o compras adecuadas y oportunas, y no denuncias de corrupción, la reacción sería distinta. Quizás un simple comunicado bastaría, pero la realidad es otra. Ahora, otra vez, en medio de la tragedia tenemos que tratar hechos que no deberían estar sucediendo.

Lo que ya no sorprende es el silencio cómplice, cínico y cobarde, de periodistas que hasta hace unos años gozaban de cierto prestigio. Ahora la mermelada les ha arrancado del alma cualquier vestigio de moral y vergüenza profesional. Y la caviarada, por supuesto, sigue muda.

La mayor parte de la ciudadanía cumple disciplinadamente la cuarentena, y lamentablemente ya algunos médicos, enfermeras y policías han ofrecido sus vidas en esta lucha sin cuartel. Pero en medio de ese sacrificio, la prensa mermelera y sus periodistas serviles están más preocupados en no ofender la sensibilidad del dictador para no perder la “subvención”. Antipatriotas.

Poderoso caballero es Don Dinero.

Foto: Latin American Post

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