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El COVID-19 transparenta el genoma del gobierno

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Es imprescindible la combinación y sincronización entre el aislamiento social y las pruebas de contagio masivas; para separar y proteger a unos del contagio indiscriminado, y reinsertar a los otros a sus actividades de trabajo.



Esta no sería la primera vez que el moqueguano intenta hacer lo correcto por el país, aunque guiado por razones y tiempos equivocados. Las medidas anunciadas para detener la expansión del coronavirus van en la dirección correcta, en cuanto fuerzan el distanciamiento social, pero son a la vez seriamente incompletas por la falta de pruebas masivas para detectar a los portadores del virus y aislarlos, algo que es justamente responsabilidad exclusiva del propio gobierno.

Es imprescindible la combinación y sincronización entre el aislamiento social y las pruebas de contagio masivas; para separar y proteger a unos del contagio indiscriminado y reinsertar a los otros a sus actividades de trabajo. El costo productivo al país del destiempo o la improvisación es inmenso, y ciertamente no basta esta vez con anunciar que se han comprado los kits de las pruebas del COVID-19: con el coronavirus encima, las promesas del gobierno se tornan demasiado resbalosas (estando ya todos al borde del abismo) sino se cumplen a la brevedad.

A la gestión de Vizcarra, pues, se le evidencia en el ADN una incapacidad endémica para gobernar con eficiencia y transparencia, dejando a su paso solo promesas incumplidas, como la reconstrucción del norte del país o su oferta incumplida de renunciar a la presidencia de la república. Tanto como la última: otorgar los bonos de 380 soles a quienes se encuentran en extrema pobreza, y que está deviniendo en una muralla de burocracia para tanta gente literalmente abandonada y prohibida de trabajar.

Si bien el ofrecimiento de dinero a las poblaciones pareciera ser lo correcto, no se puede dejar tampoco a otras familias abandonadas al no encontrarse ellas en las listas. Irónicamente, el método elegido por Vizcarra y su gabinete para pagar el bono es una fórmula casi segura para aumentar la fricción y el contagio entre los humildes pobladores.

Encima, tenemos un problema severo de comunicación del nuevo ministro de Salud, quien en sus pocos días en el cargo ha demostrado poseer una inteligencia emocional insignificante como para expresarse de manera fatalista. “Tarde o temprano”, según él, “todos nos vamos a contagiar del coronavirus”. Según dicen, es un comunista declarado… y ahora empezó con el pie izquierdo.

Al parecer, Dios los cría y Marx los junta. Como de costumbre, Vizcarra y su premier Zeballos se encargan de elegir ministros con una sola condición: que ninguno vaya a sobresalir positivamente. El gobierno necesita organizarse con profesionales mas competentes y que cumplan mejor su rol, que ejecuten un plan claro y de consenso. Aquí nos jugamos todos la bolsa y la vida.

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