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El “churchill” del coronavirus

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Para amenazar a los más débiles sí que son fuertes. Igual para exigirles que se laven las manos por veinte segundos cuando carecen de agua potable, o para reclamarles que compren “para toda la semana" cuando un 30% no tiene dinero ni refrigerador.



En plena crisis mundial del coronavirus, el ego del presidente Vizcarra se mantiene por las nubes. Nuevamente encopetado gracias a los medios que lo adulan sin atreverse siquiera a cuestionarlo sobre qué es lo que realmente sucede en los hospitales del país, donde solo llegan los muy valientes o los congresistas… a morir.

¿Esta soberbia se debe a que por fin le ganamos en algo a Chile? ¡Sí, en el número de casos de COVID-19! En efecto, en CONTAGIOS somos la potencia número dos de Latinoamérica –después de Brasil– y el número 18 del mundo, según reporta el prestigioso diario Washington Post. Esto, sin tener en cuenta la gran cantidad de falsos negativos que arrojan las pruebas rápidas, miserablemente promovidas por nuestro ministro de Salud. La verdad es que los resultados poco importan al gobernante y a sus colaboradores que se saben inmunes, no al coronavirus sino a las críticas por la falta de preparación de la salud pública tras casi cuatro años de gobierno. Y todo sirviéndose de la barrera mediática que la prensa nacional le otorga a cualquiera de sus descuidos, tapando la realidad con noticias y encuestas inverosímiles en un dos por tres.

Dichos sondeos, por ejemplo, dicen que el 85% de peruanos está satisfecho con su miserable vida y hace solo una semana reportaban que Latinoamérica (¡entera!) le rendía pleitesía al gran estadista Vizcarra. Es quizás por ese exceso de confianza que hacen experimentos insólitos, separando a la población en imaginarios patriarcados o tirando al tacho los derechos humanos del ciudadano de a pie (que por vivir en los barrios y cerros que va preso, a contagiarse en la comisaría).

Valgan verdades que para amenazar a los más débiles sí que son fuertes. Igual para exigirles que se laven las manos por veinte segundos cuando no hay tuberías de agua potable instaladas en sus barrios; para reclamarles que no salgan de a dos y que compren alimentos “para toda la semana”; o, mejor aún, que lleven comidas congeladas cuando un 30% de la población no tiene dinero ni refrigeradoras. Estridentes recomendaciones que da el gobierno peruano mientras, cuándo no, el famoso escritor Mario Vargas Llosa (84) las aplaude desde Madrid.

Pero, fíjense ustedes, la media poblacional en el Perú tiene solo 28 años de edad: es decir, somos un país de jóvenes, mientras que en España o Italia esta media es de casi 50 años. Por ello, la juventud peruana que busca trabajar puede inmunizarse y derrotar al coronavirus. Por ello, las medidas que el gobierno implementa deberían dar un giro de 180 grados –como está sucediendo ya en muchos países del mundo– para adaptarse a nuestra propia realidad.

Así lo esperamos. Aquí tampoco tenemos problemas de obesidad como en los países ricos: más bien la mitad de niños son anémicos y desnutridos y a ellos no debería dárseles más “martillazos” de hambre con tal de achatar la curva. Los norteamericanos usan la frase “Lie thru your teeth” cuando se miente a sabiendas, como estaría haciendo este gobierno. Ya han sido muchas sus imprecisiones durante esta inmensa crisis sanitaria y económica. Una dosis de sinceramiento nos vendría bien a todos.

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