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Opinión

El burro “Nicolás Maduro” y la Comisión de Ética

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Pretender juzgar a Milagros Salazar por decirle la vela verde en PRIVADO al presidente, cualquiera fuera este, es permitir que cualquier ciudadano esté sometido a una CENSURA. El mensaje sería entonces terrible y propio de una dictadura totalitaria: el presidente es intocable, nadie lo puede criticar ni opinar como le plazca contra él.



Cada día me asombro más de la intolerancia política a la que está llevando al país cierta prensa con agenda propia que hace eco del contubernio que existe entre el inquisidor José Domingo Pérez y la ONG IDL. El inquisidor filtra, el IDL recibe y la prensa con agenda propia desinforma en un guión propio de los totalitarismos de la peor ralea. El chat La Botika se ha convertido así en el pretexto perfecto de quienes –mientras se rasgan las vestiduras por la libertad de expresión y de opinión– son los primeros en censurar las conversaciones PRIVADAS difundidas sin el menor pudor con el cuento chino del “interés público”, sin el mínimo contexto y con la pacatería propia de los hipócritas.

Pero lo peor de todo este atropello contra la libertad de expresión y opinión es que haya quienes ya estén pretendiendo sentar en algún banquillo a los opinantes, es decir, judicializar, criminalizar o condenar administrativamente o moralmente las opiniones.

Pruebas al canto. Un grupo de parlamentarios está evaluando llevar a la Comisión de Ética a la congresista de Fuerza Popular Milagros Salazar porque en el chat La Botika se expresó con suma rudeza contra el presidente de la República, con una serie de epítetos de grueso calibre. Tal hecho es gravísimo: no por lo que dijo Milagros Salazar, sino porque haya gente que piense que sus opiniones deben ser juzgadas por una Comisión del Congreso, desconociendo que en nuestra Constitución Política NO HAY DELITO DE OPINIÓN.

“Juzgar” a Milagros Salazar por decirle la vela verde en PRIVADO al presidente, cualquiera fuera este, es permitir que cualquiera de nosotros, funcionarios públicos, empresarios, estudiantes universitarios, amas de casa, periodistas y, en general, cualquier ciudadano esté sometido a una CENSURA. El mensaje sería entonces terrible y propio de una dictadura totalitaria: el presidente es intocable, nadie lo puede criticar ni opinar como le plazca contra él.

Hace poco tiempo en Venezuela, un par de bomberos fueron encarcelados y sometidos a una acusación pasible de 20 años de prisión por hacer una broma pesada sobre el presidente de ese país Nicolás Maduro. Ricardo Prieto, de 41 años, y Carlos Varón, de 45, fueron detenidos por haber hecho un video –que se hizo viral– en el que un burro que tenía colgado un cartel con el nombre de “presidente Maduro” se paseaba por las instalaciones de la estación de bomberos.

En la grabación se ve a un hombre con uniforme de bombero llevando a un burro con una correa al interior de una estación de bomberos. El hombre que graba llama al animal “presidente Maduro” y bromea afirmando que el mandatario está realizando una inspección en el lugar. El burro se detiene a comer hierba en un patio y el hombre dice riendo: “Como podrán ver, él mismo está verificando cómo está la grama (…), es lo único bueno que tenemos aquí”.Tras un breve recorrido, el relator se burla de la pasividad del asno: “Será que le estamos pidiendo mucho”, dice.

Cada uno podrá juzgar el tono de la broma, pero son las dictaduras y los totalitarismos los que ponen tras las rejas a quienes ejercen su opinión sobre una autoridad pública. Si la opinión es una ofensa o una injuria están los tribunales de justicia, pero si la opinión es en PRIVADO, como los comentarios altisonantes de los congresistas de Fuerza Popular contra el presidente o contra cualquiera, NADIE tiene derecho a llevar a Salazar o a otros a ninguna Comisión para que respondan y sea juzgado por la ética de sus opiniones.

Lo más increíble del caso es que los que más se quejan contra, por ejemplo, las opiniones de los congresistas de La Botika sobre algunos “periodistas”, son aquellos medios que día tras día ridiculizan mediante caricaturas de mal gusto a esos mismos congresistas. El caso de La República que hoy mismo pone el grito en el cielo por ello es de antología.

Finalmente, cabe recordar que el oficialismo –que es el que pretende sentar a Salazar en la Comisión de Ética– es el mismo que, en marzo de este año, a través de varios de sus congresistas más conspicuos llamaba (en chats privados y en medios de comunicación) “traidor”, “conspirador y “complotador” al presidente Vizcarra por no haber renunciado junto con PPK y haber guardado silencio previo a su ominosa caída. Sería interesante ver cómo Salazar les muestra los chats de Twitter el día que la citen para que todos hagamos –como dicen los caviares– un ejercicio de “memoria histórica”.

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