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El botellazo y la narrativa del ridículo

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El más gracioso es el periodista engreído de la Fiscalía haciendo llamados para "defender el estado de Derecho" y tonterías por el estilo por una botella de plástico que también pudo haber sido un huevo o un tomate podrido.



Como es evidente para cualquier persona respetuosa de la ley, un desacato a una autoridad es inaudito. Sin embargo, la cofradía caviar ha construido una “narrativa” política de lo más ridícula –pero no por eso menos eficaz– sobre el botellazo de agua (¿vacía?) que le cayó al paso al fiscal José Domingo Pérez a la salida del penal de Chorrillos, cuando fue a tomarle declaración a Keiko Fujimori.

La misma líder del partido naranja así como su abogada han condenado el hecho. Pero la narrativa caviar sabe aprovechar las oportunidades, y convertir un incidente de cuatro gatos en una campaña de la “mafia” contra la democracia y la lucha anticorrupción. Ni más ni menos. El más gracioso es el periodista engreído de la Fiscalía con sus tuits desde su ONG, que dan la pauta para todos los demás advirtiendo de una “ofensiva fujiaprista” y haciendo llamados para defender el estado de Derecho y tonterías por el estilo, a causa de una botella de plástico que también pudo haber sido un huevo o un tomate podrido.

El fiscal Vela no ha perdido el tiempo y se ha sumado a la narrativa del ridículo hablando de “una agresión que podría considerarse amedrentamiento”. Y, ya en el colmo del absurdo algunos influencers convertidos en opinólogos, achacan que la botella vino volando desde el Congreso y que la interpelación al ministro de Justicia (para que dé cuenta del acuerdo con Odebrecht que sus procuradores han suscrito y que dependen de su cartera) es la mejor prueba de ello.

Pero el mejor actor de esta narrativa del absurdo no ha podido ser otro que José Domingo Pérez. Voló a la emergencia de un hospital, nada menos, para que le diagnostiquen “traumatismo encéfalo craneano superficial” (o sea un chichón como el que se hace un niño cuando se da un cabezazo con otro) y lo envíen a su casa con dos días de descanso médico.

No obstante, antes de tirarse en la cama con su bolsa de hielo en la chimba, Pérez se tomó el tiempo para denunciar en la comisaría a los que “resulten responsables” del botellazo, así como para cuestionar la seguridad del Estado que lo protege (el pobre hombre no sabe el terrible error que ha cometido contra su propia integridad física), así como para hacer que salga el ministro del Interior a darle su respaldo. Ahora solo falta que alguien lo postule para santo patrón de los fiscales.

Fotos: Revista Hola

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