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El año que nos espera

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¡Una combinación de periodo preelectoral, desgobierno, descontento de la población y avance del crimen!



En ciertas circunstancias históricas, es mejor prepararse para lo peor. La combinación de periodo preelectoral, desgobierno, descontento de la población y avance del crimen para el año que se viene será difícil y es mejor pensar en qué hacer.

Tía María y la mal entendida solidaridad que se generó en todo el sur solo presagia mayores conflictos y dificultades para la inversión. Nueve regiones paralizaron en apoyo de la protesta arequipeña. La reacción en Desaguadero a la presencia de Belaunde Lossio detenido era muy reveladora. No solamente se protestaba contra el corrupto sino también se lo asociaba con el actual gobierno.

No hay pues espacio inmediato para una posible negociación. El sur andino será una fuente de peligrosa desestabilización. Y en un año preelectoral es obvio que las campañas levantan aún más los ánimos y buscan surfear sobre la ola de la protesta social, lo que garantiza a esa zona del país una campaña agresiva, radical y excluyente. Difícilmente el partido de gobierno tendrá aceptación allí.

Por otro lado, la movilización de miles de personas en San Juan de Lurigancho exigiendo protección a su vida y a sus propiedades —es decir, mayor seguridad ciudadana— resulta algo nuevo: un paso más allá de la simple manifestación del reclamo contra el crimen. No sería de extrañar que esta reacción desate una movilización en cadena en defensa de la vida, la integridad y los bienes de los ciudadanos de los conos de Lima, que marcaría la diferencia.

La exigencia —sin mayores explicaciones— de la participación de las Fuerzas Armadas puede generalizarse. Y todos sabemos que las FF. AA. carecen de preparación para detener el crimen y más bien significan la paz a golpe de fuerza bruta. Ni siquiera la policía tiene la capacidad de hacerlo con decenas de años de experiencia; mucho menos, entonces, nuestros soldados. Ellos están preparados para matar (como todo ejército) y no para imponer un orden constitucional. En este contexto, no faltarán las campañas radicales en cuanto al delito y la tentación populista, por parte del gobierno, de sacar a las tropas.

El norte del país tampoco está exento de problemas. Mientras los conflictos en las haciendas azucareras continúan sin solución a corto plazo, de darse el fenómeno El Niño, el costo material para la agricultura será terrible. 

En la selva, los temas vinculados a la disputa por las tierras de las comunidades nativas han resurgido. A ello hay que añadir los problemas de la minería informal en regiones como Madre de Dios, donde las autoridades temen hacer pública la cantidad de niños envenenados por mercurio.

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