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El amor es de todos los dolores

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Como la ignorancia es atrevida no resulta difícil hallar posiciones contradictorias de quienes, para no quedar mal, dicen no ser homofóbicos. Sin embargo, ¡al mismo tiempo critican las muestras de amor entre personas del mismo sexo!



No hay lucha más justa que aquella por los derechos de las minorías. Es así que la movilización de carácter mundial a favor de la comunidad LGTBI es sumamente necesaria para reivindicar a una población sumamente vulnerable que en nuestro país bananero las ha sufrido todas. Porque, a decir verdad, los homosexuales discriminados en el Perú por mucho tiempo no han conocido más que dos caminos para no morirse de hambre: dedicarse a la peluquería o a la prostitución. Así de cruda es nuestra realidad.

En pleno 2018, basta con revisar las redes sociales para darse cuenta de que la eterna ignorancia –e intolerancia– va más allá de la formación académica: un conocido tuitero se quejaba que el Estado “gaste” (?) en promocionar el Día del Orgullo Gay. Habría que explicarle a este señor que precisamente la tarea del gobierno es velar por las poblaciones más vulnerables. No le sería difícil de entender si se quitara la venda cucufata de los ojos.

Afortunadamente en el mundo virtual también hay expresiones a destacar de varias empresas privadas y entidades públicas que se han sumado a la lucha por la igualdad de derechos. De eso se trata: gritar hasta quedar sin voz que todos somos iguales ante la ley. En este pleito no hay colores políticos que manden. La bandera de la equidad debería ser enarbolada por todo ciudadano peruano que propugne por la democracia. No hay nada más democrático que la tolerancia al otro, al diferente.

Pero, como la ignorancia es atrevida, no es difícil hallar posiciones contradictorias de ciertos connacionales que –para no quedar mal ante el vecino– dicen no ser homofóbicos, pero al mismo tiempo cuestionan las muestras de amor entre personas del mismo sexo. Claro, Dios perdona el pecado mas no el escándalo, ¿no?

¿Qué les digo, entonces, a mis hijos si ve a dos hombres o dos mujeres besándose?, se estarán preguntando. Díganles que el amor es de todos los colores, que — como bien decía el gran Julio Hevia (QEPD)– lo “normal” viene de norma, de una imposición colectiva hecha regla por tradición a través de los años. Y, bueno pues: así no quieran aceptarlo, lo “normal” está cambiando. De lo contrario, eduquen a sus hijos en la intolerancia, en el irrespeto, y luego no se quejen si el futuro un troglodita antidemocrático le levanta la mano a su mujer o a ustedes mismos.

Dicho esto, no hay nada más urgente que incluir en la currícula escolar la equidad de género, porque nunca nos cansaremos de repetir: ¡todos somos iguales!

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