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Opinión

El ajusticiamiento de Keiko

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La cárcel de la líder de FP y la solicitud de un sector de la fiscalía para que su partido sea disuelto como "organización criminal" es para que no hagan política: es un VETO judicial.



Ollanta Humala Tasso está en su casa y camina por las calles acusado, entre otras cosas, de haber recibido financiamiento no declarado de Odebrecht para su campaña. El expresidente aparece en la televisión dando consejos a Vizcarra, porque un TC ajustado a derecho ordenó que así sea respetando su privilegio constitucional a la presunción de inocencia y repudiando el abuso de las prisiones preventivas.

Pedro Pablo Kuczynski está en su casa, entre otras cosas, por haber recibido financiamiento no declarado de Odebrecht para su campaña. El expresidente está en su casa por su mal estado de salud, edad, y recibe a sus exministros y amigos porque un juez valiente reitera que es en su casa en donde debe seguir recibiendo a los que lo quieran visitar y no en la cárcel.

Keiko Fujimori, que nunca ha sido presidenta, ministra, gobernadora regional, alcaldesa ni funcionaria pública con potestad para uso de recursos públicos está en la cárcel porque a un juez y a un fiscal se les ha ocurrido que puede fugar y obstruir la justicia por supuestamente haber recibido financiamiento no declarado de Odebrecht para una de sus campañas electorales cuando, para remate, en la fecha de los hechos eso no era ningún delito. Keiko Fujimori lleva diez meses presa por puro gusto para el derecho y la justicia, pero no para la estrategia de una cofradía de múltiples intereses que quiere que continúe presa porque es la líder política más importante del país y porque su partido, pese a toda la artillería de barro recibida durante estos últimos años, tiene la segunda intención de voto presidencial si las elecciones fueran mañana.

En síntesis, la cárcel de Keiko Fujimori y la solicitud de un sector de la fiscalía para que su partido sea disuelto como “organización criminal” es para que no hagan política: es un VETO judicial. A estas alturas lo que digan el señor Lecaros o la señora Ávalos importa un reverendo bledo. Menos lo que digan las guaripoleras de radio, TV, papel periódico o redes sociales.

Los argumentos de la fiscalía para mantener presa a la señora Fujimori serían estúpidos si no fueran marcados por el odio. A diferencia de PPK –cuya esposa americana nunca más regresó al Perú desde que recluyeron al expresidente en su casa (no la culpo con la clase de justicia que hay aquí)–, el esposo de Fujimori no solo no ha fugado a ningún sitio siendo americano, sino que además ni siquiera tiene impedimento de salida del país.

¿Si se trata de “obstruir” la justicia no serían los que visitan a la señora Fujimori entre congresistas y esposo los más indicados para recibir esas órdenes? ¿Qué medidas ha tomado el fiscal y el juez para que ello no ocurra? ¿No han sido todas desestimadas? Entonces, ¿cuál es el sentido de que la señora Fujimori esté en la cárcel y no en su casa o en la calle en la que seguiría recibiendo a los mismos que le llevan un pollo a la brasa a su mazmorra de Chorrillos? Ninguno. ¿Si Ollanta Humala puede moverse por todo el país y aparecer en el prime time de entrevistas de las guaripoleras de Vizcarra en la TV, por qué la señora Fujimori no? Muy simple. Porque Ollanta Humala no representa políticamente a nadie, mientras que la señora Fujimori acaba de recomponer su mayoría en el Congreso. ¿O acaso alguien duda de que por eso Vizcarra adelanta las elecciones generales? ¿Cómo haría campaña Fujimori en la cárcel? ¿Y su partido como participaría si lo declaran “organización criminal”?

Mis últimas líneas son para la jueza Castañeda, cómplice del veto político a la señora Fujimori en la casación. La magistrada pretende que su deber es dirimir entre 18 meses de cárcel preventiva o 36 meses y nada más. A ella la justicia para Keiko Fujimori le importa un bledo. Sin siquiera argumentar por qué Fujimori debería estar presa, pasa directamente al adelanto de opinión de la cantidad de meses entre los que están divididos sus colegas para justificar sobre qué base “dirimirá”. Es decir: una Pilatos.

¿Qué ley le impide decir ni 18 ni 36 sino a su casa? Ninguna, salvo la ley de las fotos y los “premios” con el fiscal Pérez, el juez Carhuancho y el todopoderoso mandamás del IDL dando cátedra de “anticorrupción”. En el Perú no hay justicia para Keiko Fujimori.

Imagen: www.freebibleimages.org

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