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Ecos del Día de la Fraternidad

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Proa puesta hacia su primer centenario, la redención del Apra es la promesa que cada 22 de febrero juramos por un Perú “libre, culto y justo”.



Digna de una novela de aventuras, la vida de Haya de la Torre representa una lección de educación política. Fue capaz de hacer a un lado las ofensas y negociar con el mariscal Benavides la construcción de un frente político para gobernar el país; tuvo la sabiduría suficiente para entablar una convivencia con Manuel Prado, quien antes lo había perseguido sin tregua.

Haya concedió, negoció, parló, extendió la mano. Y aunque la falta de entendimiento político haya llevado al fracaso alguna de estas experiencias –en lo cual el aprismo tuvo también responsabilidad, tal como lo reconoció él mismo– los hombres actuales del aprismo tenemos una deuda con el futuro, conscientes del sacrificio que esta impone.

La biografía de Haya constituye un referente para las generaciones actuales, un ejemplo de toma de decisiones o de adopción de postura. Su actuación política está llena de ejemplos de amor por la causa de la justicia y del pan con libertad; es modelo de desprendimiento, de servicio público. Tal vez muchos de estos gestos fueron aderezados con el cariño del pueblo pero nadie duda de que reflejan un sentir honesto y un mayor anhelo.

Herederos de una doctrina realista que superamos para alcanzar los valores de justicia social, democracia y pan con libertad –sin orden de prelación-, los apristas del siglo XXI actuamos a la luz de las enseñanzas y del sacrificio que la actuación de Haya de la Torre ofrece. Y a su lado la militancia demasiado aprista, en palabras de Luis Alberto Sánchez. He aquí los factores del pasado y del presente que amalgamados explican el carácter de cada 22 de febrero.

“Somos un Partido de hombres susceptibles de error y de pecar que han querido redimirse y reeducarse. Pero nadie puede negar que este Partido ha logrado la hazaña histórica de conformar un movimiento cívico que ha sabido arrostrar todos los embates, todas las persecuciones, todas las asechanzas, que ha sido vencedor de la adversidad y que ha redimido cada vez a más grande altura una calidad ciudadana que es ejemplar para todos los peruanos y que, a sotto voce o declaradamente, es también reconocido por todos los peruanos con el corazón bien puesto”.

Proa puesta hacia su primer centenario –como ha sido señalado–, nuestra redención es la promesa que cada 22 de febrero juramos por un Perú “libre, culto y justo”.

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