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Dragas de sangre

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Minería ilegal: ¡Nada de mesas de diálogo para quienes destruyen el ecosistema y explotan a nuestros niños!



Desde la época del Incanato, en Madre de Dios se explota artesanalmente el oro aluvial que generosamente fluye por los ríos y que ha sido lavado desde las alturas heladas de algún pico andino en un proceso de millones de años. Y en los años 70 del siglo pasado, con el incremento del precio del oro también se incrementa significativamente la producción en los ríos Inambari y Madre de Dios.

Se usaban pequeñas bombas de succión para llevar las arenas auríferas a unas canaletas inclinadas que por gravedad hacían que el oro con un peso específico más alto se quede atracado en unas alfombras o pisos corrugados, de los cuales luego se extraía mediante el mercurio, pues este tiene la característica de “atraer” hacia sí el dorado metal separándolo de sus estériles compañeras de viaje: las rocas. Una vez amalgamado con el oro, el mercurio tenía que ser volatilizado a través de unos sopletes que evaporaban el mercurio en gases venenosísimos, que los ingenuos trabajadores informales aspiraban sin ninguna consideración a su salud.

Más tarde, desde los ochenta hasta hoy, y con el precio del oro cinco veces más alto, se vuelve cada vez más generalizado el uso de grandes dragas, prácticamente barcazas de mediano tamaño que con grandes equipos industriales dan inicio al destrozo irremediable de las márgenes de los ríos llevándose de encuentro vegetación y todo el ecosistema alrededor. Esta forma de explotación minera ya no es viable desde ningún punto de vista, ni medio ambiental ni social y tampoco económico.

El dragado industrial de oro en zonas ecológicamente sensibles simplemente es inviable y debe ser prohibido vía ley. Actualmente solo subsiste económicamente usando niños como esclavos, no pagando ninguna prestación social ni cumpliendo con las más mínimas exigencias humanas; por eso su reacción tan virulenta cuando se les trata de hacer pasar por el aro de la formalidad. Usan para eso la influencia de autoridades corruptas, socias de estas empresas.

Los 2500 millones de dólares que mueven al año en una red tejida a lo largo y ancho del continente ya es un negocio que compite con la cocaína. Lamentablemente las 100 mil hectáreas destrozadas, el mercurio en los ríos, los niños esclavos y las niñas prostituidas exigen que esto se maneje a la mala, usando los métodos ya probados de erradicación/destrucción sin contemplaciones de todo el equipo y la inmediata intervención/militarización como  zona de emergencia. ¡Nada de mesas de diálogo!

Seguimos esperando una reacción de los medioambientalistas que solo parecen moverse cuando de grandes empresas extranjeras y publicidad se trata.

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