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Do you speak quechua?

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Para políticos, periodistas, médicos y otros vendedores de servicios, hablar runa simi abre más puertas que el inglés. Te da más chamba, te hace entrar a nuevos mercados: ¡cusa!



Allinllachu panaycuna wuayjeicuna. Cunan punchao runasimitapas sumajchallata rimanacusun.

Cómo están, hermanitas y hermanitos. Hoy día hablaremos bonito sobre la lengua de los hombres.

En 1965, los sabios de la ciudad reunidos en el IEP le dijeron a mi paisano Arguedas que su novela “Todas las sangres” no servía, pues aludía a una realidad inexistente. Con académico tufillo de superioridad le hicieron saber que lo indio sería sustituido por lo campesino y que incluso el quechua iba camino a la desaparición.

Ese 23 de junio, Arguedas hizo una anotación amarga en su diario recordando el incidente y dio el primer atisbo de un suicido señalando que, según los doctores, él había vivido en vano. Pero dejó una posdata que era toda nuestra esperanza: “El quechua será inmortal, amigos de esta noche”, dijo, “y eso no se mastica, solamente se siente”.

Ya en este siglo, en Andahuaylas hemos celebrado esa fecha como el día de la inmortalidad del quechua. Y lo hemos hecho cantando y bailando, sin resentimiento alguno y con un regocijo que hoy veo consolidar por doquier.

Retrocedamos. En 1980 yo estudiaba en Texas. Paraba con los profesores de español y veía con sorpresa que sus alumnos no tenían interés alguno por Latinoamérica. Eran pucacuncas, redneks: blancos sin recursos y muy conservadores que querían vender bienes y servicios a los chicanos. Y para eso había que hablarles en castellano.

Desde entonces, he sostenido repetidas veces que el día que la población quechuahablante se integrase al mercado en condición de consumidores empoderados, los blanquitos de Lima se iban a poner a aprender quechua a troche y moche para tener chamba, para ganar mercado. Ese día ha llegado felizmente.

Lo que no pensé es que la necesidad de aprender quechua iba a extenderse ante todo gracias al marketing político. Nuestros quechuahablantes no se habrán integrado plenamente al mercado consumidor, pero son clientes de la política. Desde que Kenji Fujimori hizo su saludo en un quechua fluido, sé de otros políticos y periodistas que están aprendiendo quechua.

Antes el quechua era como una mancha que había que ocultar. Hoy el quechua es un atributo —como hablar inglés— para políticos, jueces, enfermeras y demás. Chainam chai.

Así están las cosas; solamente falta liberar a los quechuahablantes de una cárcel llamada alfabeto. Pero para el 2021 llegaremos a esa meta. Después les digo cómo. Tupanashiscama majtacuna (hasta pronto, muchachos).

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