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“Do as I say, not as I do!”

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¿A qué costo generacional pretenden ahora imponerle al país su torcida agenda de odio a los pobres, destrucción de los partidos políticos, muertes innecesarias, azotes a la moral pública, y compra de la libertad de expresión junto a la campante corrupción?



La realidad depende del cristal con que se mire. Es un dicho popular que no deja de tener razón durante esta crisis pandémica que nos ha vaciado los bolsillos y golpea nuestra salud con implacable ferocidad.

Son más de 50 mil peruanos muertos por la COVID-19, pero al otro lado del cristal está el gobierno socialista de la ministra Mazzetti, que afirma que sin su mediación serían 500 mil los fallecidos. Y, por supuesto, están los medios de prensa que, acaramelados por el swing de tanta plata estatal, se han vuelto miopes y sordomudos a la penosa realidad: juran y perjuran que lo que nos sucede aquí en el Perú es normal nomás. Lo hacen, seguramente, en su afán de ocultar la endeblez de un gobierno cochambre que nos ha llevado directo hacia el despeñadero sanitario y económico. ¡Si hasta piden más inversión en publicidad estatal para explicar mejor la pandemia! Como si el contagio y las muertes fueran a desaparecer con frases bonitas en vez de aplicar las ciencias.

Sería justamente por la prensa monopolista que aún no se reduciría el problema del contagio en el país. No cumplen con su función de dar cuenta de la penosa realidad ni presionan al gobierno a mejorar como ya lo hicieron antes, por ejemplo, en el caso de los Cuellos Blancos… por el cual sí que parecían estar interesados.

De este modo, los gobernantes han perdido el temor que deberían tener en imponer la fuerza contra la población, o de causar muertos eludibles, y nos ordenan con dureza: “Do as I say, not as I do”. Es decir: hágalo usted, no yo. Todo a sabiendas de que son ellos quienes dan el mal ejemplo en temas trascendentes, como son el abastecimiento de oxígeno en los hospitales, la falta de agua potable en los cerros o las mascarillas protectoras nunca entregadas en cantidades suficientes. Son ellos –los funcionarios caviares y trotskistas que gobiernan– quienes no aplican medidas que han funcionado en el resto del mundo, como el uso de las pruebas moleculares en vez de las fallidas pruebas rápidas. Son ellos quienes, en realidad, han agudizado la crisis sanitaria peruana.

Y con ese malísimo ejemplo que dan día a día, ahora quieren imponer “ley” de toque de queda a una muchachada de los cerros que ha crecido sobreviviendo con su ingenio a las injusticias. Han florecido viendo pagar minicoimas a policías en las esquinas o megacoimas a borrachos, como el expresidente Alejandro Toledo. Luego vieron que Nadine Heredia manejaba campante el país, cuando, en verdad, el presidente electo era Cosito. Vieron la reelección de Susana Villarán con paneles de cuadra a cuadra pagados por Odebrecht. ¡Todo lo que vieron ha sido chueco! Ahora quieren, pues, enderezar su forma de pensar a golpe y patadas, luego de que hace pocos meses el llamado gobierno anticorrupción de Vizcarra pagó 524 millonazos a Odebrecht y en cash rabioso!

Ya, pues: ¡el gobierno y el TC son los primeros en romper las reglas! Por todo lo dicho, no son los jóvenes y mujeres humildes, injustamente muertos en Los Olivos quienes dieron el mal ejemplo. No son ellos los apestados sino precisamente los que componen este gobierno caviar, por su andar tan torcido y por no aplicar las medidas contra el coronavirus que sí están funcionando exitosamente en el resto de países del mundo y que por su ausencia, nos han llevado al peor resultado posible. Nos encontramos en el puesto número 1 desde atrás.

¿A qué costo generacional pretenden ahora imponerle al país su torcida agenda de odio a los pobres, destrucción de los partidos políticos, muertes innecesarias, azotes a la moral pública, y compra de la libertad de expresión junto a la campante corrupción del llamado Club de la Construcción, que sigue vivita y coleando, ¡ y con la cual la empresa familiar C&M Vizcarra también estaría relacionada? El fiscal Pérez, incluso, acaba de pedir –bondadosamente para ellos– que estos contratistas de maligno pedigree no contraten a futuro. ¡Pero ni siquiera han sido multados, embargados o encarcelados por lo hecho hasta hoy, como sí multan y encarcelan todos los días al peruano de a pie!

PERUANOS: no bajemos la guardia ante este gobierno. Una cosa es que cacheteen a un par de malcriados que no cumplen con el toque de queda, como sucedió al principio de la crisis, y otra es que una madre humilde, Mayurit Salcedo de 26 años, deje súbitamente huérfanos a sus dos hijos. O que el único hijo de tres años de Mirian Paola Russo, de 23, no la pueda ver más  por un hecho tan insustancial y tan mal manejado por el premier Martos y el ministro del Interior Montoya. En el Perú no cuentan más los derechos humanos. ¿Llegará esta tragedia a su fin?

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