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DINI: otro Pisco en ruinas

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Nueva torpeza del presidente dinamita lo que podría haber sido un gran logro en materia de seguridad ciudadana.



Cuarto Poder ha dado conocer un documento del 19 de febrero de este año, escrito y firmado por el exjefe de la DINI y compañero de promoción de Ollanta Humala, Víctor Gómez, en el que este comunica a su sucesor que habría sido nada más y nada menos que el mismo presidente quien ordenó la compra de un equipo de interceptación telefónica de última generación, valorizado en 55 millones de soles.

La adquisición, realizada en 2012, formaba parte de un plan de rastreo de comunicaciones (llamado Proyecto Pisco) a cargo de la policía y dirigido a combatir el crimen organizado. Además de la inversión mencionada, los costos de las obras civiles (el edificio que albergaría la unidad) ascendieron a 8 millones de dólares, mientras que la capacitación de diez futuros operarios del sistema sobrepasó los 800 mil. Las interrogantes, por supuesto, saltan por obvias:

¿Por qué si los equipos iban a ser utilizados por la policía en su lucha contra el crimen organizado, el proyecto terminó en manos de la DINI? ¿De qué manera puede explicarse que la compra haya violado la mismísima norma para adquisiciones secretas del Estado y que, colmo de los colmos, la mitad del personal SE HAYA RETIRADO del proyecto apenas terminada su capacitación (es decir, ¡400 mil dólares gastados al agua!)?

Habría que esperar —ingenuamente— las explicaciones del responsable político, es decir, del presidente. Pues el origen del Proyecto Pisco se fundamentaba en atender la crisis de inseguridad ciudadana y, para variar, Humala ha terminado desperdiciando una iniciativa en la lucha contra la delincuencia que hubiera podido atribuirse como gran logro de su gestión.

Y es que gracias a su necia politización de una buena idea, ha conseguido viciar el origen del proyecto cuando lo ha dirigido a intereses subalternos (reglaje y chuponeo a políticos, periodistas, empresarios, etc). Gracias a esa estigmatización, las estrategias de chuponeo y seguimiento continuarán bajo sospecha y se les seguirá achacando fines turbios.

Disparándose nuevamente a los pies, Ollanta Humala ha logrado lo que parecía imposible: dejar en ruinas otro Pisco. ¿O es que la prensa también tiene la culpa?

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